MIENTRAS DURE LA GUERRA de Alejandro Amenábar

MIENTRAS DURE LA GUERRA de Alejandro Amenábar

“Que vengan los rojos y verán de lo que somos capaces a la sombra de esta bandera.”

Alejandro Amenábar vuelve a la gran pantalla con un film histórico que narra, a través de los ojos de Miguel De Unamuno, el alzamiento militar contra el gobierno legítimo de España durante el verano de 1936.

Ochenta y tres años han pasado ya desde que la cúpula militar más patriótica de la historia de España traicionara a su pueblo. De esos ochenta y tres años, tres de guerra civil, treinta y seis de dictadura y cuarenta y cuatro de democracia. Una democracia endeble, construida bajo unos pilares fascistas que año tras año cogen más fuerza y donde hace un tiempo solo veíamos la cola, hoy ya le vemos hasta los dientes. Pero hablemos de Mientras Dure La Guerra.

En el verano del 36, el reputado escritor y rector de la universidad de Salamanca decide apoyar públicamente el alzamiento militar contra la II República española, ipso facto, el gobierno legítimo del país destituye al escritor de su cargo. Mientras, Francisco Franco consigue que sus tropas se unan a la sublevación, contando con la ayuda de José Millán Astray, el eterno novio de la muerte.

Hasta aquí, todo bien. Una película que, sin haberla visto ya se sabe a quien va a gustar y quien va a hacer actos de exaltación franquista en determinados cines del territorio.
Pero, que triste es escribir estas líneas, porque Amenábar se queda en la superficie del conflicto. Nos muestra un Unamuno ingenuo y cegado por las falsas promesas de apaciguar la crispada situación dentro del gobierno Republicano, a la deriva por la corrupción instaurada dentro del bloque conservador. Unamuno podría ser muchas cosas, pero ingenuo…

El oscarizado director también presenta a un Francisco Franco que parece pasar de ser un mindundi, simple y aturdido, un pobre hombre, según las palabras de Miguel de Unamuno, a levantarse una mañana con la mejor de las estrategias para autoproclamarse Caudillo de España por la Gracia de Dios. Sabemos que no fue así, sabemos que entre ser un mindundi y un estratega hay un vacío que a Amenábar, como director y guionista se le escapa. El vacío de la represión sangrienta, de la traición a la patria, al ejercito y al gobierno legítimo, elegido democráticamente en las urnas. En el paso de mindundi a estratega, juega un gran papel, el General José Millán-Astray, que alentará al futuro caudillo a dar un paso al frente y situarse a la vanguardia del golpe militar.
Millán-Astray, como bien se sabe, fue el fundador de la Legión española y al unir las tropas de la Legión a las de Franco consiguen más autoridad y fuerza. Amenábar caricaturiza a los integrantes de la Legión como jóvenes analfabetos e incultos que se alistan para poder llevar armas y asustar a la población. Jóvenes sin luces ni dinero, destinados a crear el pánico entre los habitantes de los municipios por donde pasaban. No todos serían así, o sí…

A nivel técnico no hay escena o plano que destaque por sí solo, cierto es que el ya conocidísimo discurso de Unamuno en la Universidad de Salamanca junto a Millán-Astray está cargado de fuerza, poder y rabia, pero no por un lenguaje narrativo impecable ni una fotografía simbólica, sino por las grandes actuaciones de quienes dan vida a Miguel de Unamuno y Millán-Astray.
Karra Elejalde y Eduard Fernández hacen un trabajo asombroso, todo lo que anteriormente se quedaba descafeinado parece pasar a un segundo plano cuando estos dos maestros de la interpretación hacen su aparición en pantalla. Karra consigue que asintamos a cada palabra que sale de su boca y Eduard, Eduard consigue que nos odiemos a nosotros mismos porque nos atrapa en personaje, obteniendo una cierta simpatía hacia el tirano que interpreta.
El elenco está plagado de grandes interpretes como Inma Cuevas, Nathalie Poza, Luis Bermejo, Tito Valverde o Luis Callejo, pero parece que no se les da la oportunidad de explotar ni explorar a sus personajes, dado que todos y cada uno de ellos queda en un segundo plano.

Muchos espectadores, en los que me incluyo esperábamos algo parecido a Las 13 Rosas pero nos hemos encontrado con una película común, dirigida más a un público extranjero que a un publico nacional. De tintes hollywoodienses la cinta de Amenábar se queda a medio camino para poder enganchar al público y empatizar con el conflicto.
Aún así, a quien le duela España hoy, le seguirá hirviendo la sangre al ver que, tras ochenta y tres años, nos venden que todo ha cambiado, mientras siguen siendo los mismos perros con diferentes collares y siguen cometiendo atrocidades bajo la sombra de esta bandera.

La puedes ver en...

Valencia

Madrid

Barcelona

Maia Roig

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