HIGH LIFE de Claire Denis

HIGH LIFE de Claire Denis

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
what immortal hand or eye,
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burn the fire of thine eyes?

¡Tigre! ¡Tigre!, fuego que arde
En los bosques de la noche,
¿Qué mano inmortal, qué ojo
Pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué distantes abismos, en qué cielos,
Ardió el fuego de tus ojos?

(Avisamos que el análisis de esta película contiene algún spoiler)

Un llanto despierta el metal muerto, recorriendo los decrépitos, amortiguados e indolentes pasillos de una nave para teñir de movilidad a la quietud de, incluso, el frío más oscuro del espacio. Un alarido de vida tan milagroso como el pequeño jardín que aún mantiene intacta su humedad y su verdor, así como su cualidad de templo. Para un padre esforzado en preservar su supervivencia es, sin embargo, un hábito exasperante que añadir a sus múltiples y ya de por sí extenuantes tareas de manutención. Cada minuto, una lucha por prolongar el funcionamiento de las piezas ajadas de su misma prisión que, no siendo carga suficiente, posee la suma de una niña en forma de penitencia autoimpuesta de larga duración. La última capa de un cúmulo de expiaciones que nunca parecieron bastar, ni para él ni para sus circunstancias, pero que, al final, se convierte en mucho más; algo así como una manera de aprender a vivir, a vivir más allá de todo lo que nos hace humanos -bajo la definición más objetiva del término-, para encontrar un particular oasis que se aleje de la violencia, de los impulsos, para dejar de ser espectador e imaginarse protagonista. Allí, en la intimidad de la ausencia de espacio y de tiempo, la nada es la nueva vía de evolución, la más alta de nuestras instancias, la dedicada a la paternidad, al sacrificio, al esfuerzo, al amor. Para trascender la crueldad de ser humano, el único escape es un viaje hacia la disolución.

-"What do you know about cruelty?"

A modo de racconto, es decir, de narración preactiva donde el tiempo se orienta hacia el pasado para, al cabo, volver al punto inicial y continuar desarrollando la historia, se nos presenta a Monte (Robert Pattinson) y a su hija Willow, ambos viviendo aislados en una nave espacial en forma de container. El inicio de este viaje tiene lugar cuando un grupo de condenados a muerte se prestan a participar en una misión consistente en viajar hacia el agujero negro más cercano a la Tierra para poner en práctica el Proceso de Penrose, una teoría por la cual se podría extraer energía ilimitada aprovechando la rotación de ese mismo objeto.

Bajo este dudoso objetivo, Claire Denis, mítica directora francesa que por primera vez dirige en inglés, posa su quehacer sobre un existencialismo tarkovskiano con, también, muchas similitudes cercanas a Kubrick o a la obra de Stanislaw Lem -'Solaris'-. La obradora de 'Un Sol Interior', 'Los Canallas' o 'El Intruso', subvierte a estos maestros haciendo uso de una óptica del presente imbuida de un, si cabe, mayor pesimismo. El viaje, en este caso tan funesto y estigmatizado por perversiones y tintes oníricos e incluso mitológicos, no busca de edenes ni grandes revelaciones, y pivota entre la futilidad post-apocalíptica y la esperanza inherente a la ficción de las estrellas, creando un nicho propio, moldeando valientemente nuevas simbologías y medios de expresión. El firmamento no es tanto la narrativa que se quiere alcanzar como el medio de transportar una historia compuesta de una furia, a su manera, reivindicativa y, desde luego, incómoda. Denis dentro del uso de nuevos mecanismos, se muestra fiel a su marca y temáticas: a la carne corrompida por amoralidades vocacionalmente primarias de gente agotada y perdida en el laberinto de sus más intrínsecas perversiones. Deseo, sensualidad y fracaso. Insatisfacciones personales al servicio de un contexto opresivo y asfixiante. La cámara y la fotografía emulan este principio en oposición a la banda sonora, que es consciente de cierta grandilocuencia -y mensaje- oculta en la masa de actos oscuros; tales como una "fuck box" para dar placer a los tripulantes y cuyo sentido es incierto o la otra misión de la expedición: fecundar in vitro una criatura cuya gestación sea capaz de resistir la radiación espacial utilizando a sus tripulantes como cobayas. El hombre como combustible, la mujer como mero depósito... y Robert Pattinson actuando de asceta célibe.

-"Like everyone, i'd used the box. But as time passed, I chose abstinence over indulgence. Chastity was a way of making myself stronger".

De este modo, buceando de tabú en tabú, se descubre como uno se superpone al siguiente, y todos, a través del horror, conducen a un pequeño atisbo de felicidad agridulce. Como artífice de alas negras, la principal causa de cada efecto tiene un nombre, y ese nombre es el de la despótica, magnética y tenebrosa figura de la doctora Dibs, una científica de pasado escabroso interpretada de forma sobresaliente por Juliette Binoche, que se ve representada como una especie de bruja moderna amparada en la ciencia y obsesionada con su salvaje cabellera. La doctora pronto ideará una extraña conexión a tres bandas entre el contenido Monte y la incontrolable Boyse (Mia Goth).

Ellos, junto a sus compañeros, en su condición de parias y despojos humanos, apelan a uno u otro bando: el de la pérdida de uno mismo en la perfidia o en el de la redención. Unos se dejan arrastrar para tocar el infierno y otros lo hacen para, tal vez, rozar un poco de gloria con la que enjuagar sus nombres. Como héroes de algo nada heroico, ridículo e imposible, como hacedores de vida tras ser dispensadores de muerte ajena y propia, se mueven en entramados de esclavitud: a las drogas, al poder del estado, a una autoridad invisible por inexistente y hasta a la vida misma. Algunos, como Boyse, no desean ser cuidados, sino que prefieren la suciedad de vagabundear por vías de tren oxidadas y malvivir de las calles a verse atrapados y despersonalizados. Libertad contra confort... con aires de lectura política.

-"At ninety-nine percent of the speed of light, the entire sky converged before our eyes. This sensation, moving backwards, even though we're moving forwards, getting farther from what's getting nearer, sometimes i just can't stand it".

Pero lo cierto es que cualquier otro tema a tratar pierde interés para la cinta cuando entran en juego los aspectos más bestiales de los personajes, tan dados a relacionarse mediante ritos casi lobunos de violencia física, a veces psicológica, contundente y siempre -siempre- sexual. La danza macabra donde la sangre corre tan veloz como los improperios, es perfectamente capaz de culminar tanto en sonrisas recíprocas como en pavores intolerables e invasivos. Una escalada de sumisión y muerte que sólo se ve interrumpida mediante la unión de Monte con su hija Willow, y con la ausencia de todo lo demás.

Lo que comienza como un atropello a la naturaleza, un tabú, pronto se transforma en un imprevisto. El fruto de probetas, el moderno Prometeo, junto a su particular y cruel Frankenstein espacial, tornan el acto de creación en una vía de gozo y de salvación. La polaridad de dos sujetos resulta ser la mezcla perfecta de genes para dar a luz una forma de vida superior; superior más que por sus características biológicas, por aquello que representa dentro del mundo cada vez más estrecho de un hombre roto. Un hombre que es la humanidad. Que siempre lo fue. Que, quizá, es todo lo que queda.

-"I was raised by my dog".

Así, la paternidad y la convicción se sintetizan y perfilan a través de la difícil decisión de una bestia capaz de vender a su amiga por un perro: abandonar a una colonia entera de ellos por la seguridad de su hija. Monte rompe con su individualismo definitivamente al destrozar los escasos y cuestionables ideales que poseía. El hombre ha muerto y ya sólo queda el padre. Aquellos lugares con memoria, junto a las huellas invisibles de aquellos que ya no están, que han sido reconstruidos para mudar en un hogar lejos del pasado, dejan de poseer un significado. Y ellos mismos, padre e hija, resultan ser, el uno para el otro, el refugio más personal. El único. Sin duda, toda creación entraña su parte de destrucción.

-If my old man coul see me now. "Break the laws of nature, and you'll pay for it, you little son of a bitch. You little son of a bitch".

Porque hay quien, desaparecida la fe, se convierte en su propio Dios. Pero también hay quien, cuando ve el flujo de su vida escapar por el desagüe, hace del futuro una divinidad. Un bebé, en este caso, actúa de tapón. La esperanza se alarga, aunque quede estancada. El miedo renace y sustituye al hastío provocado por toda una vida plagada de errores, y la valentía se posa en las manos insolentes de una niña y estalla con la anunciación de su conversión en mujer: el nexo entre la curiosidad de la niñez y el ímpetu de la juventud, que hace surgir tanto pequeños conflictos que conforman una suerte de cotidianidad, como marcan el final del viaje a lo desconocido.

Así, sin una identidad definida más que como una proyección del amor que siente por ella su padre, sin siquiera ser capaz de analizar sus rasgos en el espejo, antes de comprenderse a sí misma, de buscar una forma de identificación más allá de las respuestas del progenitor -quien ha de describirle su belleza-, la niña está preparada para dar el paso y trascender hacia donde quiera que la lleve una naturaleza caótica e incomprensible. Porque, al fin y al cabo, quiénes somos sino la percepción de nuestros seres más queridos.

-"You are special. So different. Like no one else, and i love that".

Finalmente, Monte y Willow se acercan al agujero, a la luz amarilla de ojos de cocodrilo, y lo que experimentan sólo ellos lo saben. Lo realmente importante es que están juntos, sea en esta o en otra vida. Allí, en pie, en la quietud más absoluta, en la tranquilidad de lo que está muerto o rebosante de una vida que se es incapaz de percibir, una fina línea recorre el horizonte, a donde seguro se dirigen. La falta de certezas es el mayor de los alivios.

Tal vez trasciendan, tal vez se pierdan entre los cúmulos de estrellas, o tal vez encuentren su camino a casa; o a una casa que jamás conocieron, y se dejen caer, vaporizados, disolutos, sobre cada fachada, sobre cada rincón y cada escondrijo, cada nube, cada océano, cada puñado de tierra. Tal vez estén en cualquier lugar sin realmente estar. Tal vez respiren sobre el universo, y cada una de sus respiraciones sea un abismo. O tal vez resulten ser eso: nada.

-"Shall we?"
-"Yes".

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