JOKER de Todd Phillips

JOKER de Todd Phillips

Esta es una película que no necesita presentación. Con millones de euros recaudados en taquilla en una sola semana y la presencia deliciosa de Joaquín Phœnix, pocas son las personas que ignoren la existencia y la temática de la película. El argumento es la génesis del personaje de DC cómics, el Joker, el villano más querido especialmente desde la interpretación de Heath Ledger en El caballero oscuro. Sin embargo, aunque ambas cintas se articulan sobre la figura del Joker, tienen una tesitura y un desarrollo absolutamente diferente como veremos a lo largo del texto.

Lo primero que llama la atención es que no estamos delante de una película de acción, sino que se acerca mucho más a una de tipo psicológico. La historia se sitúa en un Gotham que nos asusta más que cualquier otra versión que haya aparecido en los cómics o en las películas de Batman. ¿Por qué? Porque se parece de un modo escalofriante a nuestro mundo cotidiano. Gotham podría ser cualquier ciudad del mundo, el espectador podría habitar sus calles y ser testigo de un sistema corrupto y una sociedad donde la tensión asciende día tras día. Y dentro de esta sociedad, Arthur no tiene lugar. Es un joven con un trabajo precario que vive con su madre, que es continuamente apaleado por sus semejantes y que lucha contra varios trastornos mentales. Arthur nos señala las grietas del sistema, que suelen afectar sobre todo a los más desfavorecidos. Por todo esto, la tendencia del espectador es identificarse con Arthur, y este ha sido un punto controvertido pues los más críticos dicen que es una manera de justificar la maldad del Joker, el cual debería ser un símbolo de la maldad en sí mismo. Sin embargo, la realidad es que muchos de los “villanos” de la sociedad en la que vivimos son consecuencia directa de un sistema hecho a medida de aquellos etiquetados como normales y que deja de lado a todos los que no se pueden ceñir a dicho canon. La marginalización es un caldo de cultivo para que los inadaptados acaben vengándose del sistema que los ha olvidado.

Como ya se ha nombrado anteriormente, la comparación entre esta película y la de Batman y el caballero oscuro, es inevitable. Sin embargo, ambas cintas no deben ser consideradas con la misma vara de medir, no compiten por ver quién refleja mejor la esencia de un personaje, sino que son complementarias. El Joker de Joaquin Phoenix es un Joker humano, una persona con una psicología muy complicada y una infancia tortuosa, pero sin maldad. De hecho, es extremadamente amable y cordial con la gente con la que interacciona, aunque no sepa muy bien cómo hacerlo. Será el rechazo y la crueldad diaria a la que es sometido lo que provocará que al final deje salir su “ello”, sus ganas de venganza, como se refleja magistralmente en la escena del baile en las escaleras, con la canción Rock N Roll de Gary Glitter de fondo. El baile, la libertad de movimientos, reflejan una libertad espiritual, la decisión de dejar de querer encajar en el sistema para empezar a destruirlo. Aun así, los asesinatos que llevará acabo el Joker no serán aleatorios, sino venganzas personales contra personas concretas. En esta película, el Joker tiene aún un (peculiar) sistema de valores, como podemos ver en varias escenas de la película. En este aspecto, el Joker de Heath Ledger es muy distinto: él ha dejado de ser una persona para ser un concepto de caos, de muerte igualadora que no se para a distinguir si un individuo merece o no ser exterminado. El Joker de Heath Ledger es la hiperbolización del de Phoenix, es el resultado final de un proceso de desencanto social y desprecio hacia la vida. En este sentido, para mí está claro que la película Joker de este año es una precuela de El caballero oscuro, no es la misma historia contada paralelamente, sino que una explica la otra. El guiño a la génesis de Batman cuando matan a sus padres al final de la película, apoya esta teoría, entre otros muchos detalles.

Por último, la fuerza de esta película es tan grande que traspasa la pantalla para llegar al mundo real. Como ya ocurrió con la casa de papel y la careta de Dalí, la cara del Joker se ha convertido en un símbolo de la lucha antisistema. Ficción y realidad encuentran un punto de contacto, y pocas películas han sido capaces de conseguir algo parecido.
En conclusión, Joker es una película que sorprende y que emociona (imposible no tener la piel de gallina cuando ves a Arthur bailar libre, convertido en el Joker). Podría pasarme muchos folios más hablando de la fotografía, de sus contrastes entre tonos grises de la ciudad y los colores saturados del Joker, o sobre los diálogos tan naturales como potentes. Pero basta con decir que Joker es una película excepcional, en especial la risa histérica de Arthur que esconde un llanto que en algún momento todos hemos sentido aferrándonos la garganta. Y que dónde quiera que se encuentre, Heath Ledger está aplaudiendo.

La puedes ver en...

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Aitana Martos

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