THE HANDMAID’S TALE (Tercera Temporada)

This is the valley of death

Así empieza la tercera temporada de El Cuento De La Criada. La distopía creada por Margatet Atwood vuelve tras dejarnos con la incerteza, la duda de si nuestras protagonistas han llevado a cabo la gran revolución para hacer caer el estado dictatorial, opresor y heteropatriarcal creado por los comandantes. Gilead parece no sufrir resquicios después de que June y las Martha’s llevaran a cabo la liberación de la pequeña Nicole. Seguimos moviéndonos en un escenario gris, oscuro, lluvioso y lleno de miedo, tanto por parte de aquellos que viven en la república teócrata, como por los que ejercen cierto poder en ella. Gilead no cambia, sus habitantes sí. La resistencia empieza a imponerse.

Los mártires inspiran, los herejes son estúpidos

Los cambios después de tres temporadas son importantes, así como Gilead sigue sin avanzar, con una guerra que no hemos presenciado en tres años, unos comandantes más obcecados en castigar a los suyos que en mantener un buen gobierno exterior, la transformación de los personajes se hace más que necesaria. June ha pasado de la persuasión y la manipulación a la valentía y el coraje, sin dejar atrás su carácter, hace y deshace a su merced, su nuevo comandante queda hechizado por la personalidad y el temperamento de la criada, también su mujer, que la ayudará sin ella darse cuenta a volver a ver a Hanna.

De Offred a Ofjoseph

La relación entre Serena y Fred se enfría al mismo tiempo que la alianza entre las dos mujeres protagonistas de la serie se fortalece. Fred intenta volver a ganarse la confianza de Serena, esto nos llevará a un nuevo escenario. Viajaremos en tren por Gilead hasta llegar a Washington DC. La capital es aun más oscura que las localizaciones vistas anteriormente. Las normas son más severas y los comandantes rigen con más poder. Aun así, Fred dejará que Serena colabore en una reunión de comandantes, será la primera vez desde el principio de la serie que veamos una reunión política desde dentro, un juego visual donde nos convertiremos en Serena, puesto que será la primera mujer, acompañada de un séquito de espectadores, en entrar a una habitación donde se decide el futuro de la república.

Agua, jabón, manzana, mochila, Mayday

Otra cosa que sigue repitiéndose tres años después del exitoso estreno de The Handmaid’s Tale son los flashbacks, nos ayudan a conocer y formar a los personajes que tenían vidas tan diferentes antes de Gilead. Continuarán las escenas del pasado entre June y Luke, conoceremos más a algunos personajes, uno de ellos Tía Lydia, la cual aun no habíamos tenido referencias a su anterior vida.

Magdalenas es “sí”

Esta tercera temporada sigue siendo tan maravillosa a nivel técnico como las dos anteriores. La música sigue teniendo un significado revelador en la serie, desde la Novena Sinfonía de Beethoven hasta Heaven Is A Place On Earth con la cual June llegará a la desesperación, angustia, perturbación y locura que guiará los siguientes pasos de la protagonista. Los cambios técnicos son los que nos dan las pistas para saber por donde van a seguir en las siguientes temporadas. El aumento de luz desde la primera temporada hasta esta última vaticina un cambio, un soplo de libertad dentro del estado teócrata de Gilead. Pero ojo, la recreación en los planos, cuando estos son de una complejidad mínima y una narrativa baja, llega a ser abusiva, la utilización de este recurso en la primera temporada hizo que viéramos autenticas obras de arte en la pantalla, en la segunda temporada empezaron a pesar, cargando los capítulos de un ritmo lento y un compás tan calmado que llegaba a sosegarnos sobremanera. En esta tercera temporada, el abuso de este recurso hace que nos planteemos si deberían de seguir utilizándolo o innovar, movimientos de cámara para acelerar el orden de la narración, composiciones de planos utilizando el Horror Vacui para desequilibrar la visión del espectador…
También sería bueno cambiar la perspectiva del personaje de Elisabeth Moss, a la audiencia le ha quedado claro que June es capaz de perturbar y enamorar, pero también empieza a cansar la rotura de la cuarta pared, con los ojos desencajados y una mirada alienada cada vez que ocurre algo que no espera. Los recursos son eso, recursos, no repeticiones.
Los cambios de iluminación acorde con los personajes que aparecen en plano son tan obvios como necesarios, la iluminación cándida, sencilla y luminosa de Serena contrasta, ayudando a fabricar el tan necesario contrapunto con June, donde predominan las sombras, en una iluminación confusa, pobre y a veces incoherente.
La oscuridad, los tonos grises y la escasez de luminosidad siempre ha sido una característica a destacar dentro de The Handmaid’s Tale, en esta tercera temporada, esta singularidad jugará a favor de la revolución. La oscuridad de Gilead ayudará.

Goodspeed (Buena suerte)

Quizá la frase más repetida de esta temporada. Y sí, los guionistas, siempre aconsejados por la escritora y creadora de The Handmaid’s Tale, Margaret Atwood, van a tener que esforzarse mucho y tener buena suerte para poder proseguir con la serie. La segunda temporada estuvo a la altura, para sorpresa de muchos, de la primera parte del serial, pero esta vez el globo parece haberse deshinchado, la tercera temporada no ha tenido tanta repercusión como las anteriores, ni tanta publicidad, ni tanto éxito. Mi mente “conspiranoica” decide pensar que es así porque las revoluciones hay que acallarlas, ya sean reales o ficticias, hay que tener a la sociedad calladita y con las manos sobre las rodillas, como las buenas señoritas. Pero mi cerebro de profesional audiovisual tranquiliza a la conspiranoica sabiendo que El Cuento De La Criada debe tener un final, y si esta tercera temporada no ha tenido la notoriedad de las anteriores es porque no está al nivel que se requiere. The Handmaid’s Tale necesita un final digno, precioso, revolucionario en todos los sentidos, noble y extraordinario. Un final que alcance su principio.

La puedes ver en...

Maia Roig

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