EL REY LEÓN de Jon Favreau

EL REY LEÓN [The Lion King] de Jon Favreau

La vida de la productora Walt Disney Company empezó en 1920 con la aparición de un conejito mudo, Oswald, que cuando creció y se independizó de sus creadores para irse a los estudios Universal, Mickey Mouse ocupó su lugar. En 1928 el ratón más conocido del mundo animado hizo su primera aparición. A partir de ese momento la historia de la productora se puede resumir en cuatro etapas importantes:

- De 1934 a 1967 fue la época dorada, la creación del Pato Donald, Blancanieves, Dumbo, Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan, La Bella Durmiente, Los 101 Dálmatas…
- De 1967 a 1984 fue bautizada como La Época Oscura de Disney, pues se estrenaba Los Aristogatos, primera película no producida por la compañía. También renunciaba a la compañía por diferencias creativas el sobrino de Walt Disney y las pérdidas se intentaron recuperar con la apertura de los parques temáticos de Florida y Tokio.
- De 1989 a 1999, el renacimiento de Disney. La Sirenita, La Bella y La Bestia, El Rey León con su Óscar, Aladdín, Pocahontas, El Jorobado de Notre Dame, Hércules…

Después de 1999 Disney se centró en la ampliación y mercantilización de su marca, hecho que se solidificó con la apertura del canal Disney Channel a nivel mundial, apertura de tiendas en todos los continentes y en la actualidad sigue ganando dinero con los remakes de los clásicos que los han hecho famosos, héroes infantiles y ricos.
Desde principios de año hasta ahora han estrenado los live-action de Dumbo, Aladdín y El Rey León, aunque esta última no la podamos denominar live-action, puesto que está rodada íntegramente por ordenador.

El Rey León se estrenaba en 1994, la primera película de Disney que no estaba basada en cuentos infantiles, historias populares o leyendas que se difundían por el boca a boca. Disney fabricó, con guionistas que adaptaron algunas obras y mitos de las antiguas civilizaciones, la historia que llevaba a la productora a la cima de las taquillas de nuevo. A estos guionistas les ayudaron muchos los mitos bíblicos de José y Moisés, en Hamlet de Shakespeare y vagamente también recuerda al mito de Osiris, en el cual el rey egipcio es asesinado por su hermano para usurparle el trono, para finalmente perder el poder tras la resurrección de Osiris.

25 años después, Simba, Timón, Pumba y todo el elenco de la película original vuelve a la gran pantalla, esta vez, como en todos los remakes que ha confeccionado la fábrica de sueños, de un entrecomillado carne y hueso.

La cinta es una copia exacta de la original, aunque siendo la misma productora, no creo que se les pueda acusar de plagio, copia o imitación. Han ido a lo fácil, como con Aladdin, planos iguales, diálogos idénticos, creación de alguna escena que no es importante para la trama principal ni las secundarias, introducción de una nueva canción que ni siquiera se queda en la cabeza y nostalgia, mucha nostalgia.

Técnicamente la película es una brutalidad, creo que nunca he utilizado una palabra tan poco técnica para analizar una película, pero es así. A pesar de estar de acuerdo con muchos análisis y críticas que he leído, donde la premisa es que falta expresividad en los personajes, echan de menos la complicidad gestual e incluso se les hace aburrida por ello.

Bien, cambiemos la perspectiva de ver los remakes de Disney. Claro está que ni Favreau (El Rey León y El Libro De La Selva), ni Guy Ritchie (Aladdín) se han arriesgado en la adaptación de las películas, Tim Burton lo hizo con Dumbo y me pareció un fracaso categórico. También es bastante evidente lo que Disney está haciendo con los espectadores, a los más jóvenes, que no han crecido con los clásicos, les implantan el chip Disney con el live-action y a los más mayores, a los que crecimos con todos los personajes, los que seguimos guardando las películas en VHS como si fueran un gran tesoro, nos agarran fuerte con los planos, diálogos y canciones que nos sabemos de memoria, la nostalgia y los gráficos generados por ordenador, los llamados CGI, juegan a su favor y en nuestra contra.

Como decía, cambiemos esta perspectiva negativa y transformémoslo en provechoso. Vayamos al cine pensando que somos puritanos de Disney, que queremos ver lo que vimos hace 20 o 30 años en el cine o en casa. Acordémonos de todas las veces que hemos jugado, cantado y disfrutado con las cintas originales. Miremos la gran pantalla con la madurez que debe caracterizarnos, sabiendo que quien está detrás de esas películas se mueve por dinero y hemos decidido abrirles nuestros bolsillos. Veamos los nuevos remakes de Disney sin alterarnos por la falta de magia, evocando nuestra infancia y lo felices que fuimos en ella, sabiendo que haga lo que haga Disney, nunca llegarán a lo que nosotros vivimos.

El próximo clásico que tiene fecha de estreno es Mulán y no la veremos hasta 2020, tenemos mucho tiempo por delante para poner en práctica esto. Si ellos se forran a remakes, nosotros sacaremos su lado positivo.

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Maia Roig

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