DOLOR Y GLORIA de Pedro Almodóvar

DOLOR Y GLORIA de Pedro Almodóvar

Pedro Almodóvar es el director más conocido a nivel mundial del que goza este país. Galardonado con premios BAFTA, César, Óscar, Goya, Globos de Oro, Cóndor de Plata y premiado en el Festival de Cannes. Todos conocemos sus rifirrafes con la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, su reconciliación y sus inclinaciones políticas. Pero realmente, no sabemos nada sobre Pedro Almodóvar.

En su vigésima primera película el aclamado director se desnuda creando un personaje, Salvador Mallo, que clama a los cuatro vientos, con la ayuda interpretativa de Antonio Banderas, su experiencia vital.
Almodóvar nos presenta a Salvador Mallo, un director de cine enfermo y dolorido, a través de unos gráficos extraños, unos planos del cuerpo humano chirriantes e inarmónicos donde explica cada una de las dolencias que padece, unificando este ensayo visual a una narración rápida, que parece caótica, pero no puede estar más ordenada, ni más angustiada.

Salvador está enemistado con uno de sus actores fetiche, tras la grabación, hace más de treinta años de una de sus películas, que ha terminado siendo un clásico del cine español. Por el aniversario del estreno, una filmoteca se pone en contacto con los dos para dar un coloquio conjunto tras la proyección del film. Mallo decide ponerse en contacto con Alberto, interpretado por Asier Etxeandia, para tener un primer contacto antes del coloquio después de tantos años.
El reencuentro entre actor y director dará a Salvador una nueva visión, ya que la adicción de Alberto a la heroína le abrirá las puertas a su pasado y agrietará el muro que lo separa de su inspiración para volver a trabajar.

Almodóvar utiliza recursos que ya habíamos visto anteriormente, pero de un modo, a mi parecer, tan personal como inaudito parece.
La reacción de la heroína en la mente y cuerpo del protagonista de Dolor y Gloria es la invitación a recordar su niñez, a su madre y el costumbrismo de la posguerra. El perdón y la culpa en la relación entre Salvador y Alberto, escenifica las reconciliaciones tras las enemistades en el mundo del cine, la asimilación de los errores, la absorción de los egos y la ayuda absolutamente necesaria entre compañeros de función. Porque la vida es una función.
Antonio Banderas recoge el texto de Almodóvar como si fuese su último papel. Banderas se apodera de Almodóvar, de sus gestos y su forma de hablar de una manera sublime, no hay peros en su interpretación, es, simple y llanamente, perfecta. Si Almodóvar se viera en un espejo, el reflejo sería Antonio Banderas.

El cineasta manchego dota el guion de un carácter teatral a modo de monólogo, es decir, parece que sea una obra de teatro y un solo intérprete el que cuenta la historia, a pesar de tener un elenco variado. Este recurso se acentúa en dos momentos significativos de la película, donde en situaciones diferentes, dos personajes rompen la cuarta pared, mirando a los ojos del espectador mientras sueltan a bocajarro y a sangre fría un monólogo que roza la puñalada de sinceridad hacia el protagonista.
Eso es, sinceridad, lo que reflejan los colores de Almodóvar, esos rojos, la vivacidad de los tonos que llenan cada plano, la luz que recorre la secuencia, tan característico del director, tan almodovariano.

Con Dolor Y Gloria, Pedro vuelve al protagonista masculino que ya utilizó con La Ley Del Deseo y con La Mala Educación, haciendo que entre guion, personajes y desnudez emocional y personal estas tres películas formen una trilogía donde la última cinta estrenada sea el cierre del círculo que forman.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero siempre he hecho dos de las que, por ahora no me arrepiento, la primera, decir que Álex De La Iglesia es el Tarantino español, la segunda, que Pedro Almodóvar es el Woody Allen español. Woody Allen atrapa a sus espectadores con el color y la narración, con sus historias obtenidas de sus experiencias personales y con gags humorísticos en momentos sensibles y duros. Pedro Almodóvar te guía por su vida a través de sus proyectos, te confiesa sus estados de ánimo con los colores de sus cintas, te deja analizar un plano cinco segundos para que veas lo que él quiere que veas, un mensaje subliminal directo, normalmente. Pedro te hace pasar del llanto a la carcajada con tan solo una frase de uno de sus personajes. Pedro me ha hecho tener la sensación de que este será su último viaje por la gran pantalla, como una despedida sublime de un director inigualable. Pedro te hace sentir dolor y gloria a la vez.

La puedes ver en...

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Maia Roig

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