INFILTRADO EN EL KKKLAN de Spike Lee

INFILTRADO EN EL KKKLAN [BlacKkKlansman] de Spike Lee

Vivimos rodeados de prejuicios. Estamos sometidos al escrutinio inmisericorde de todos aquellos que nos rodean y creen conocernos a nosotros y a nuestras intenciones. Clasificados, tachados, separados. Somos marionetas tensas, sujetas por los hilos del indescifrable raciocinio de los demás. Nacemos y nos criamos indefensos con el peso de tener que construir nuestras propias protecciones. Las cosas se dan por sentadas una tras otra hasta el punto de que cualquier persona puede ver una parte de sí misma arrancada para ser usada como objeto de burla o para causar perjuicio. Hablamos de una parte tan insignificante y tan poco ilustrativa como puede ser el color de nuestra piel. ¿Qué hacer?¿Qué hacer ante el maltrato de nuestras inmanencias? Podemos, por supuesto, enterrar lo que somos, podemos ignorar las ráfagas nocivas que nos asedian, podemos creer que nos merecemos ser acosados. O también podemos ser Spike Lee -en realidad, Dios nos libre- y coger toda esa doctrina de sinsentidos, de odio indiscriminado, y exponerla, desnudarla y ver que no hay mayor comedia, no hay acción más patética y lamentable, que la del desprecio sin fundamento. Muéstrame qué tienes de diferente y te diré por qué te odian. Muéstrame qué temes y te diré por qué odias. El caso es que hay muchas formas de responder a un ridículo tan mayúsculo - ya busquemos las respuestas en otros o en nosotros mismos-, pero como suele ser y debería ser siempre, los años han hecho entender a Spike Lee -y espero que a todos- que no hay mejor réplica que la de una sonora carcajada.

black-klansman

En los años setenta, Ron Stallworth (John David Washington), el primer agente negro del departamento de policía de Colorado Springs lucha por hacerse un nombre dentro de la jerarquía policial pese a la hostilidad y la indiferencia del resto de sus compañeros. La casualidad y el ansía de hacer algo realmente importante para demostrar su valía, le conduce a una toma de contacto con el Ku Klux Klan, a quienes desea exponer a la comunidad. A partir de ese momento, se convertirá en la voz de las negociaciones para la infiltración, mientras que otro agente blanco (Adam Driver) actuará suplantando su identidad para no levantar sospechas.

En esta nueva película producida por Jordan Peele -director de 'Get Out'-, el irreverente Spike Lee deja la irreverencia en casa para dar relevo a la contención. No lo hace porque se lo hayamos pedido por favor durante toda su carrera, no, lo hace porque tiene una misión: dar un mensaje y exponer a ciertas figuras actuales. Por desgracia, lo que en un principio parecía buena idea -santo cielo, Spike Lee haciendo una película de masas-, acaba por lastrar el resultado final centrándose demasiado en el discurso falto de personalidad. El lado salvaje del director habría hecho memorable una película que, por otro lado, no lo es en absoluto. Pese a ello, muchas de sus influencias se derraman en el desbarajuste tonal que es BlacKkKlansman. Hay escenas, de forma aislada, como las del detector de mentiras, que son sencillamente geniales; también hay montones de palabra tabú y cierta rabia a favor de lo políticamente correcto, todas estas lastradas por una escasa atención a la trama, a los personajes y a las abundantes y condescendientes aclaraciones hacia el espectador.

Anclado en la nostalgia, Lee recurre a las bases del blaxploitation, saturando la pantalla de colores, proclamas, peinados a lo afro y una chulería progresiva nada desdeñable en su solvente protagonista. Sin embargo, los malabares que realiza con sus intenciones -thriller, comedia, mensaje político-, dificultan el situar exactamente la cinta en una u otra si no es por segmentos. Lee parece compensar cada uno de sus aciertos con algún error, por ejemplo, creando situaciones peligrosas y tensas con una maestría inaudita, pero dificultando el percibir un peligro real en ellas, dado el acercamiento despreocupado que las caracteriza. Sé que se ha criticado abundantemente la representación que se hace de los sectarios, idiotizando a estos en extremo hasta que dejan de resultar peligrosos. En mi caso, me parece una elección totalmente certera, puesto que, vamos, sólo hay que dar un paseo por Chamartín para oír a un par de ultraderechistas camuflados con polos de Lacoste comportándose sin una coherencia interna patente. No, la estupidez y el desconocimiento es aún más terrorífica que la maldad calculada. Lo calculado es comprensible. Los nazis de la película son graciosos, son hasta majos. ¿Cómo pueden querer y pensar hacer cosas tan terribles? ¿Cómo hemos llegado a desear que les pueda pasar algo malo? Su idiotez no sólo les hace entrañables e impredecibles, sino que les hace reales. La falta de un peligro palpable probablemente sea culpa de una premisa tan alocada y estúpida, pero ¿saben qué? Se ajusta a la realidad. Todo pasó tal como está narrado. Sólo faltan un par de justificaciones por parte de la trama que nunca llegan porque Lee no le presta importancia. Lee ha venido a hablar de tú a tú.

En su dilatada convivencia con el odio, Spike Lee se ha visto frente al cañón las mismas veces que lo ha empuñado. Mensajes en llamas que proclaman la revolución irreflexiva, el enaltecimiento de la violencia como cura a las injusticias y la verdad absoluta carente de grises han sido siempre su constante; sin embargo, aquí, en 'BlacKkKlansman', parece pararse a cavilar sobre qué es lo adecuado, una resistencia pacífica o una violenta guerra sin cuartel contra la intolerancia. Creo que todos los que lo conozcamos sabemos de qué pie cojea, pero se agradece ese aparte que realiza de sus ideales para decir que, oye, a lo mejor resolver las cosas por la fuerza no es solución. Esta carencia de mensajes unilaterales, deja patente que exaltados hay en los dos bandos, pero que, sean cuales sean las medidas a aplicar, hay que enfurecerse ante el abuso.

Aquí siempre hablamos de respuestas. Acción y reacción. En la intro vemos a Alec Baldwin presentando una propaganda antirracial que declara la entera película no como un panfleto, sino como una contrapropaganda.

En primer lugar, se trata de visibilizar los desvaríos y crímenes a la sociedad de David Duke -interpretado de forma sobresaliente por el camaleónico Topher Grace-, líder nacional del Klu Klux Klan en los setenta y ahora un pilar del liderazgo de Donald Trump además de principal agitador de la marcha neonazi de Charlottesville, donde se produjo el brutal asesinato de una mujer. A su vez, no se olvida de meditar sobre si es posible desafiar la ley y promover el activismo desde el lado acomodado del conflicto. Asimismo, plasma la dualidad judeo-americana y afroamericana, cuya promesa de unidad en la tierra de la libertad y la inmigrancia se ve truncada. No es posible ser negro y americano, no es posible ser judío y americano. Siempre serán vistos como intrusos.

Por otro lado, para enfatizar este último apartado, tenemos a Adam Driver, quien roba la película con un papel de personalidad tan trabajada y totalmente diferenciada de sus personajes como acostumbra. Flemático, con explosiones puntuales de histeria y una sensación de seguridad y control, su Flip es el mayor hallazgo de la historia, y se le da un uso adecuado al explorar con sorpresiva delicadeza la colisión de un hombre de raíces judías con el antisemitismo que sirve para abrirle los ojos ante la disolución inconsciente que realiza la cultura americana sobre las raíces de este pueblo. Una mezcla de vergüenza y orgullo latente en reconocer la negligencia con la que ha tratado sus propios orígenes.

Topher Grace, David Duke, Charlottesville.

Así, se deja claro en qué consisten los partidos conservadores. Rara vez conservan algo que no sean sus ritos y tradiciones; para lo demás, bueno, se trata de destruir. Es en ellos donde realmente anida la semilla del odio, donde convergen los males de la sociedad. Su tramo final nos recuerda que hay gobiernos, organizaciones y personas en tiempo presente que no distan demasiado de los valores del Klu Klux Klan. Incluso amparadas en sus diferencias internas, entre moderantes y radicalistas, siguen el mismo principio de repugnancia a todo lo realmente sagrado: al respeto, a la libertad, a la vida y al individuo. Ni una sola de esas personas puede ver esta película sin sentirla como un insulto personal, y con razón. Por mi parte, no queda si no alegrarme de que existan "panfletos" como este.

Ahora queda admitir que en un momento menos propicio que este, el último trabajo de Spike Lee no tendría tanto calado. Yo mismo suponía temas manidos, obsesiones de un director pendenciero que va con boina creyendo ser un letrado superior en todo lo que discute, pero el momento no me ha dado la razón. Las elecciones presidenciales de Brasil. El resurgimiento de la extrema derecha en Suecia. Vox, Ciudadanos, el nuevo PP. La crisis de la caravana en Estados Unidos. La cancelación de la mayor reserva protegida marítima del mundo. Decenas de pruebas de que esta película es necesaria, aunque sólo sea por enervar al enemigo. Así que me callo, me trago mi orgullo y acepto que en el mundo hay ideas y personas horribles, y que han de ser retratadas para nuestro horror. Admito que se necesitan aliados -aunque sean tan improbables como este director estadounidense con el que pocos antes comulgaron- para responder con una sonrisa pese a la amargura. Por supuesto, objetivamente, BlacKkKlansman no es una gran película, pero queda como una entretenida aglomeración de ideas que, a falta de ser brillantes, son un retrato fidedigno y necesario de nuestro tiempo. Lo más importantes es que su uso como bandera que enarbolar para abofetear las caras de todos esos cretinos racistas, sexistas y homófobos -porque todos entran en el mismo saco- es innegable. Sólo por esta virtud, tan grande y tan poco americana, Spike Lee ha hecho que merezca la pena. Ha borrado su propia figura para unirse a nuestra indignación y ha retratado lo ridículos y pequeños que pueden llegar a ser estos sujetos retrógrados que no tienen en conjunto una bandera sureña, unas gorras o una colección interminable de escopetas, sino la irreductible noción de lo perdidos e ignorantes que están ante los verdaderos valores.

La puedes ver en...

Valencia

Madrid

Barcelona

Copy de Copy on Twitter
Copy de Copy

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *