THE HANDMADE’S TALE (Segunda Temporada)

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Segundas partes nunca fueron buenas… o sí

Cuando una novela se adapta a un espectáculo teatral siempre corre por las venas de espectadores y productores el miedo a que el proyecto no sea fiel a su primera idea, a su esencia.

Este miedo se convierte en pavor cuando las novelas son adaptadas a la pequeña pantalla y tienen tantísimo éxito que se lleva a cabo una segunda temporada, sin haber segunda parte del libro. Pavor. ¿Cómo van a seguir?¿Serán fieles a la esencia de la novela?¿Se cargarán el trabajo espectacularmente hecho de la primera temporada? ¿Sabrán seguir la historia sin la ayuda de una novela haciendo de guía?

A veces, solo a veces, hay suerte. Y me satisface anunciar que esta es una de esas veces.

Los guionistas de The Handmaid’s Tale, quizá gracias también a la colaboración de la propia Margaret Atwood, han sabido continuar con unos tempos narrativos muy trabajados desde la primera temporada, evitando esas horrendas mal llamadas elipsis temporales, cuando realmente son saltos temporales sin pretexto ni justificación. A mí, que hayan conseguido sortear eso, ya me parece asombroso.

Difícil es, también, convertir una historia ya contada y terminada en una segunda temporada, siguiendo el hilo de la novela y haciendo que el espectador apenas se de cuenta de ello. La continuidad lineal entre las dos temporadas estrenadas debe ser la envidia de las demás series que se disputan los galardones más destacados.

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De “May the Lord open” a “May the force be with you”

Es decir, de la inexperiencia a la madurez de cada uno de los personajes femeninos en esta segunda temporada.

La evolución de todas ellas es asombrosa, desde June pasando por Tía Lidia, Janine o Serena y las esposas.

No analizaré a cada uno de los personajes para no caer en spoilers, pero sí comentaré algunos detalles de los dos grandes grupos de los personajes femeninos, que he bautizado como oprimidas y opresoras.

En el grupo de las oprimidas, claro está, se encuentran nuestra protagonista y sus compañeras, las Martha’s y las exiliadas que consiguieron huir, antes o después de la guerra. La evolución de las criadas es firme, sin recovecos ni vacíos, lineal, ninguna de ellas está ahí porque quiera y todas, antes o después harán su propia revolución. Unas de una manera más drástica, otras utilizando la manipulación a su antojo. Las Martha’s parece que vivan en otra dimensión, nos hacen ver que su trabajo es más fácil, limpiar, cocinar, a ellas no las violan una vez al mes, ni tienen que aguantar que un hombre haga de ellas lo que le parezca. Pero, ojo, muchas de ellas tienen la misma opinión que las criadas sobre Gilead.

Por otra parte, el exilio, que tan fácil parece, resulta ser una especie de autoflagelación por parte de todos aquellos que consiguieron huir, dejando a sus seres queridos en la dictadura teocrática en la que se ha convertido la mitad del territorio de los EEUU.

Las opresoras, me encanta llamarlas así, por una simple razón: no lo son. No lo saben, pero forman parte del grupo de las oprimidas. Son mujeres. Por mucho que las Tías formen parte del aparato del gobierno, por mucho que tengan cierto respeto por parte de los hombres, lo tienen porque son las encargadas de instruir a las criadas. Y punto.

Las esposas, siempre tan fieles, tan devotas, tan… tan, que siendo algunas de ellas las creadoras de la ideología, les explota en la cara. Cuando trabajas tan duro por algo en lo que crees y es tu marido quien acaba llevándose el mérito, cuando tu propio credo acaba azotándote a golpe de Biblia, porque Dios así lo quiere, no eres una opresora, eres una perdedora. Quizá llame a las opresoras así y no oprimidas porque les falta algo que aún no tienen: Valentía.

De los personajes masculinos poco hay que decir, se parece mucho a la realidad, se creen y se proclaman víctimas y son verdugos. Un hombre blanco y heterosexual no puede ser la víctima en una dictadura teócrata y heteropatriarcal.

The Handmaid tale

Canadá, el brunch y Las Colonias

O como salir de Gilead para ser humillado, tanto si eres vencedor como si eres vencido.

El vencedor a Canadá. ¿Objetivo? Proclamar a los cuatro vientos lo bien que se vive en un territorio sitiado, lo bonito que es tener hijos violando a sirvientas y lo perfectamente ordenada que tienes a la población desde que los cuelgas en un muro al lado del río.

El vencido, mejor dicho, las vencidas, a Las Colonias. Y es que por primera vez en la serie vemos el famoso y temido territorio, el “que viene el Coco” de las criadas y las Martha’s. Un lugar marrón rojizo donde se trabaja a destajo y sin descanso, bajo gases y productos tan tóxicos para la salud, que bien se podría morir abandonada en una de esas extrañas minas.

brunch

Esta segunda temporada también destaca por la técnica de grabación, planos fijos y generales que tienes que visualizar más de dos veces para enterarte de que está sucediendo. Primerísimos primeros planos donde mientras al personaje le cae una lágrima, en tu mejilla se derrama otra idéntica. Un brunch donde las criadas son las señoras y la señora de la casa la sirvienta de todas ellas. Esa escena merece un Emmy. Uno no, mil. Al director de fotografía, a cada una de las actrices, al cámara, a los guionistas, al director, a Yvonne Strahovski. Esa escena merece ser analizada en los centros de formación de actores, guionistas y directores.

Nolite Te Bastardes Carborundorum, bitches

Yvonne Strahovski

Si en 2017 veíamos como Elisabeth Moss nos dejaba con la boca abierta con su interpretación de June, esta nueva temporada es Yvonne Strahovski la que le arrebata el trono a la californiana. Tras una difícil lucha actoral, la australiana de descendencia polaca se lleva este año todos los halagos, profesionalmente hablando, de un trabajo impecable, una actuación natural. En un papel tan difícil como el de Serena Joy, parece que Strahovski tenga un don innato para darle vida a la mujer del comandante Waterford. Le tendremos lástima, la alentaremos a que de un paso adelante, la odiaremos, volveremos a reconciliarnos con ella y al final, al final ya sabéis/sabréis lo que pasa.

La tercera temporada se espera más cruel, violenta y angustiosa que esta anterior, pero la esperamos con ganas.

Nolite Te Bastardes Carborundorum, bitches, porque todos los flashbacks son un espejo de la realidad sociopolítica actual, algunos temas llevados a un extremo, otros llevan pasando en EEUU desde la llegada al poder de Donald Trump, así que antes de tener que formar un ejercito de supervivientes y sobrevivientes, antes de tener que gritar en latín para ser escuchados, hagamos algo. Ya.

La puedes ver en...

Maia Roig

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