LA FORMA DEL AGUA de Guillermo del Toro

LA FORMA DEL AGUA [The Shape of Water] de Guillermo del Toro

EL REALISMO MÁGICO DE GUILLERMO DEL TORO

A estas alturas no cabe ya ninguna duda de que la imaginería del director mexicano sobrepasa los límites de la del resto de los mortales como si de un Julio Verne de nuestro tiempo se tratara. Del Toro recupera su mejor versión y camina certero siguiendo la estela que marcó en El laberinto del fauno pero extrapolando la historia, esta vez, a los convulsos Estados Unidos de principios de los años sesenta marcados por la segregación racial y la Guerra Fría.

En “La forma del agua” Guillermo del Toro parte de un cuento de amor imposible como base, algo bastante visto ya y poco original pero que se torna en excepcional al otorgar el poder del relato a unos personajes que son, la antítesis al canon de perfección física que siempre nos habían vendido. Es precisamente aquí donde reside la auténtica magia y belleza de la historia, “¿y por qué?” puede que os estéis preguntando... pues porque “La forma del agua” es el triunfo de los inadaptados, de los diferentes, de los raros... de esos a los que la sociedad margina por no ser “normales”, es la construcción del relato narrada por un homosexual de más de sesenta años que ha perdido su empleo por su condición y que empodera a su vez a una limpiadora negra y a su compañera muda que enamora y corteja a una criatura anfibia. Guillermo del Toro otorga de este modo la voz a las minorías.

Otro gran punto de esta cinta es el femenismo, es una mujer la que corteja al macho (rompiendo con los roles de género establecidos) y lo hace a través de la comida, de la música de Glenn Miller y del baile con el cine como referente, ése de las grandes películas que nos han fascinado en la gran pantalla convirtiendo de este modo al sexto y al séptimo arte en conductores de excepción del relato.

 

BANDA SONORA Y ESTÉTICA

La magnífica fotografía corre a cargo de Dan Laustsen quien regala auténticas maravillas para la retina jugando con la luz, las sombras y los litros y litros de agua que bañan la cinta a la vez que recrea esa fascinante estética de los años sesenta que resulta imposible no reconocer.

En cuanto a la banda sonora es Alexandre Desplat quien pone música a esta historia de amor y de amistad inundando las escenas de calidez y sumiendo al espectador en un maravilloso viaje a través de cada nota musical.

GUIÓN Y REALIZACIÓN

Escrita junto a Vanessa Taylor, Del Toro consigue un guión vibrante, cómico y trágico a su vez, donde los diálogos hacen reír al espectador rompiendo con la tristeza que invade la historia en muchas ocasiones. Octavia Spencer y Richard Jenkins a través de sus maravillosos personajes de Zelda y Giles ponen voz de una manera formidable a Elisa (Sally Hawkins) haciendo que el espectador capte en todo momento la esencia tan pura y maravillosa de su personaje, dejando patente que ellos tres, que no tienen cabida en el estereotipo de familia feliz americana de los sesenta, si permanecen unidos podrán hacer frente al mal que los amenaza. Un mal encarnado por Michael Shannon que aúna lo peor que surge de un sistema capitalista, de la tiranía del ansia de querer más, de los complejos, del machismo, del militarismo y de la xenofobia y que, aún así, es considerado referente del ejemplo de perfecto hombre estadounidense.

Respecto a la realización, Del Toro consigue hacer ameno un metraje de más de dos horas sin que eches mano al reloj, pues nos zambulle en la historia con esa mágica forma suya de mostrarnos un periodo histórico a través de las pequeñas vidas de sus personajes, algo que ya hizo en El laberinto del fauno trasladándonos así al contexto histórico y social de la época de un modo sutil pero que no deja de estar arraigado en la historia en ningún momento.

 

PERSONAJES

El universo de fantasía de Guillermo del Toro lo conforman personajes extraordinarios, mágicos y puros junto a monstruos y villanos.

Pocos directores son capaces de combinar fantasía con realidad fusionando ambos mundos para contar historias difíciles de olvidar.

La protagonista de “La forma del agua” es Elisa, una limpiadora huérfana y muda amante del cine y de la música que se masturba diariamente antes de ir a trabajar como parte de su rutina y cuyo mundo sumido en el silencio es interpretado por su vecino Giles y su compañera Zelda. Ellos son los que aportan voz a su relato y una amistad sin prejuicios en la que nadie juzga a nadie frente a un mundo empeñado en silenciar a los diferentes.

Sally Hawkins está magnífica concentrando su trabajo en una expresividad grandiosa donde la importancia de los gestos es absolutamente necesaria para dotar a su personaje de carisma, para conectar con el espectador desde el principio. Elisa lidera la revolución de aquellos a los que la sociedad ha apartado por no cumplir con las exigencias estipuladas por un sistema basado en la falsas apariencias y, a su vez, empodera a la mujer tomando las decisiones importantes de la trama al igual que es ella la que busca y corteja al que parece ser una bestia monstruosa hasta convertirlo casi en humano a base de amor.

Zelda es la maravillosa Octavia Spencer cuyos gestos, muecas y comentarios irónicos e ingeniosos aportan la chispa necesaria para que todo encaje perfectamente en la cinta. Una mujer negra en los años sesenta trabajando de limpiadora en un laboratorio militar sometida a la tiranía del hombre blanco (encarnado por Michael Shannon) que se jacta de las diferencias de todos aquellos que no sean como él y que, por tanto, los convierten en seres inferiores. Shannon con su papel representa el capitalismo, el machismo, la vejación, la falsa idea de hombre blanco de éxito que, a su vez, necesita el agrado y la aprobación de sus superiores para sentirse bien porque en el fondo está lleno de inseguridades.

El acoso sexual también aparece en la cinta denunciando y dejando patente el horror que muchas mujeres han tenido que sufrir, y que a día de hoy siguen sufriendo, en sus trabajos y en su vida. Shannon consigue despertar asco y rabia en el espectador siendo él el auténtico monstruo de la película como ya lo fuera en su día Sergi López como militar franquista.

El vecino de Sally y narrador de la historia, Giles, es un pintor homosexual, acomplejado por su alopecia y su vejez, sin dinero (ya que ha perdido su trabajo por su condición sexual) y que sobrevive gracias a los cuidados de Sally y a su amistad incondicional. Del Toro otorga el relato de su historia a los perdedores que sufren el estigma de ser “diferentes” y utiliza una gran metáfora entre el ideal de familia americana perfecta encarnada por el personaje de Shannon y la falsedad y el vacío de ésta plasmados perfectamente en el cuadro que el personaje de Richard Jenkins pinta a lo largo de la cinta. Jenkins encarna la ternura, los miedos, la complicidad y también el punto cómico a la historia para que no se convierta en un drama descarnado.

Otro personaje secundario que aporta moral e integridad a la cinta es el del científico a cargo de la investigación del anfibio. Un hombre que refleja el valor del conocimiento por encima del poder político y de sus intereses, ya que en la cinta se muestra claramente como tanto la militancia estadounidense como los espías soviéticos sólo pretenden negarse mutuamente el acceso al saber, retrasando así el progreso de la ciencia. Progreso que queda maltratado por el poder político y los intereses partidistas tanto del sistema capitalista como del comunista y que es encarnado por el científico.

Como personaje final encontramos al hombre anfibio, ese ser desconocido al que temen por ser diferente y tener otros instintos que se convierte en el otro pilar que sujeta la trama y cuya historia de amor con Sally convierte a “La forma del agua” en una fábula social donde la moraleja es que el monstruo no es el diferente sino el que abusa de su estatus social ejerciendo su poder para humillar, abusar y discriminar a los demás y que el amor siempre es amor, da igual quien lo encarne y con quien, nadie tiene derecho a juzgar a dos seres que se aman recíprocamente y, aunque incluso a veces el amor pueda parecer egoísta, siempre es capaz de salvarnos de nuestra cárcel personal y de hacernos volar... o nadar.

La puedes ver en...

Sandra Gonzálvez

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