MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO de Gustavo Salmerón

muchos hijos un mono y un castillo

MUCHOS HIJOS, UN MONO Y UN CASTILLO de Gustavo Salmerón

Cuidado con lo que deseas, se puede cumplir. Esta es una de las muchas premisas que contiene el nuevo documental de Gustavo Salmerón, que ha vuelto deslumbrando al público y a la crítica de una manera apabullante. El director madrileño vuelve a estar nominado en los Goya con este largometraje en el que su familia es la protagonista. El caos de una familia numerosa, la confusión que conlleva la organización de años de vida, el desorden y la reestructuración por motivos económicos son las bases que cimientan esta cinta “casera”.

Poco se puede decir sobre el argumento, si no queremos caer en los odiosos destripes que están tan de moda. Nada podemos aportar acerca del guión y, he aquí la cuestión, la brillantez, la perfección hecha documental, la inexistencia de guión aporta frescura e innovación al proyecto, dotando a Julita Salmerón de la libertad necesaria para ser ella misma, dándole su corazón a un espectador totalmente desconocido.

Muchos Hijos, Un Mono y Un Castillo son los tres deseos de la protagonista, que va cumpliéndolos poco a poco. 6 hijos, un mono que llegó después de las criaturas y que dio más guerra que alegrías y un castillo que consiguieron tras recibir una herencia, harán de Julita la persona más feliz del mundo, pero, una cosa, más bien un objeto perturbará su tranquilidad hasta que no sepa donde se encuentra. Las vértebras de su abuela. Y aquí llega la segunda maravilla, la facilidad de Salmerón –hijo- para crear un documental donde, a priori, el argumento principal es la búsqueda de unas vértebras humanas que deberían estar enterradas. A través de los restos de la abuela comenzaremos a conocer la historia de Julita.

muchos hijos un mono y un castillo

Gustavo consigue darle un toque más mágico a este seguimiento con una ironía audiovisual soberbia, construyendo planos que contradicen las palabras de su madre, donde, muchas veces, la cámara espía a la protagonista y los diálogos fuera de campo se hacen dueños de la ostentosidad que se apodera de Julita.

Claro está que la ironía visual no sería nada sin una música que la acompañara, y en esto, el director vuelve a brillar. Utiliza esa ostentosidad, anteriormente citada, para completar el cuadro perfecto en el que conviven su madre, el hambre feroz de esta y un no muy tímido indicio de síndrome de Diógenes.

La naturalidad e incoherencia de una mujer a la que le cuesta deshacerse de lo material. Las confesiones de una madre caótica, despreocupada y poco cariñosa, que de un análisis profundo sobre su existencia, trágica y dolorosa, nos trasladará a las carcajadas causadas por el cambio de registro, del drama a la comedia en una centésima de segundo. Una Carmina madrileña. Una tormenta emocional.

La familia Salmerón logra, sin guión ni fotografía, dejar al espectador con una sonrisa.

La puedes ver en...

Valencia

Madrid

Barcelona

Maia Roig

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