GOOD TIME de Ben Safdie y Joshua Safdie

GOOD TIME de Ben Safdie y Joshua Safdie

El cine no tiene que ser tanto querer contar una historia como querer transmitir una experiencia. Al fin y al cabo es un arte, y como en todo arte, hay siempre, fuera de toda cuestión, un punto didáctico y otra buena porción de efecto transformador. Por mucho que nos neguemos a ser más que simples testigos de un marco, la propia naturaleza de lo que observamos es capaz de efectuar resultados impredecibles en nosotros, ya sea en nuestra psique o a un nivel puramente emocional. Los hermanos Safdie -directores de la película- han querido delimitar la casualidad de nuestras percepciones hacia un único estado de ánimo: el nerviosismo. 

Aun siendo está la idea fundamental de la cinta, no es, desde luego, el fin último que se pretende alcanzar. 'Good Time' es la sencillez echa, de alguna forma, complejidad y consistencia.

Dos hermanos emprenden el robo a pequeña escala de un banco y son puestos en fuga. El hermano pequeño (Benny Safdie), un disminuido psíquico algo violento, acaba en prisión; y Constantine Nikas (Robert Pattinson) deberá hacer lo necesario para conseguir el dinero de la fianza y sacarle de la cárcel, lo que implica bucear, aún más y a la desesperada, en el submundo criminal de la ciudad de Nueva York.

good time

Los directores, una vez más en su filmografía, optan por adentrase más allá del plano cenital de una ciudad prístina hasta sus recovecos más oscuros -o quizá humildes; que viene a ser lo mismo-. Esa urbe criminal sumergida dentro de cada Metrópoli masificada, de la misma manera que un órgano podrido dentro de un cuerpo en apariencia sano.

Atendiendo a lo expresado por La navaja de Ockham, la ciudad más emblemática del primer mundo es la elegida para desarrollar una acción engrandecida por sus enormes visos de veracidad. Cariz patente a primera vista en una Nueva York sucia, con un glamour -las escasas ocasiones en que lo hay- viciado y un aspecto deslucido y ajado; pero no falto de brillo. Pues, como antorcha inconfundible de lo corrupto, los neones pueblan el escenario engalanados por una banda sonora con mucha personalidad y fuerza, en la que se dejan oír temas los sintéticos temas de Oneohtrix Point Never -e incluso una significativa canción de Iggy Pop- , y que contribuye al aura recreativa de la película; a la vez que también ejercen un fuerte sostén al estado anímico de un protagonista atestado de furia callejera, regodeado en el ejercicio lúdico del crimen y el vagabundeo a altas velocidades para evitar las pérdidas que él mismo se provoca mientras luce una venda que le imposibilita advertir cualquier consecuencia a las violentas acciones que practica.

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Los imprevistos se suceden en la pequeña bola de nieve que se agranda a medida que avanza una noche interminable de secuestros, engaños, ácido, dinero sucio y violencia; una, hay que suponer, síntesis de su vida. Con un Robert Pattinson histérico y lacónico, ejemplo idóneo del perfeccionamiento del ente maníaco de 'Taxi Driver' a una realidad más palpable y semejante a nuestros días. Puro nervio que no sólo causa ansiedad al espectador, sino, en contra de lo que desea al atestiguar sus dificultades, un fuerte anhelo hacia la adrenalina que puebla la imagen.

En el plantel de secundarios, el hermano y protegido, interpretado brillantemente por Benny Safdie -uno de los directores-, destaca en su furibunda respuesta ante un mundo de incomprensión y al fraternal amor que le guía por el peor de los caminos desde la inconsciencia. Por otro lado, cabe recalcar el pequeño papel de una gran Jennifer Jason Leigh como otro de los tantos y pequeños dramas que se suceden en las infortunadas calles de Nueva York.

'Good Time' es una cinta agitada pero no removida. Precisa, concisa y grande en su pequeñez. Toma las reglas de terrenos comunes para practicarlas en un estadio inverosímil ante la incomodidad y poco jugo de sus derroteros narrativos; y sin embargo, encuentra su razón de ser. Ya sea en los constantes primeros planos de rostros ahogados, perplejos, iracundos y humildes; en la importancia de resarcir un error como forma de compensar una vida de fechorías y otras tantas equivocaciones; o en la seca realidad que esconde una adolescente residente de un apartamento cualquiera de la mejor ciudad del mundo.

Lo mejor y peor de lo nuevo de los Safdie, se esconde, tal vez, en la frenética e incesante cercanía técnica; en esos recursos que nos acercan a lo verosímil que todo resulta, lo que nos revela que miles de personas viven cada día al límite de sus vidas.

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