HANDIA de Jon Garaño y Aitor Arregi

HANDIA

HANDIA de Jon Garaño y Aitor Arregi

Las leyendas, mitos y cuentos populares han estado presentes en la sociedad desde que el mundo es mundo. El boca a boca, los trovadores y juglares o los cantares de gesta fueron, en el medievo, la manera en que las historias sobrevivían al paso del tiempo.

Hoy en día, estas tres figuras de la época medieval han desaparecido totalmente, pero nos quedan personas tan especiales como los abuelos, sentados en un banco junto a la plaza del pueblo, en una calurosa tarde de verano, para que nos cuenten todo tipo de viejas hazañas, reales e imaginarias. Imagen, desgraciadamente, difícil de ver, pero la cual hace 20 años era un hábito casi diario cuando te quedabas a comer o a cenar en casa de la abuela. Qué cara se nos quedaba al terminar de oír los cuentos que contaban nuestros mayores, los ojos vidriosos de emoción, la boca entreabierta de fascinación y una sola frase que salía de lo más profundo de nuestras gargantas mientras tragábamos saliva; ¿Pero, yaya, eso es verdad? Y la abuela asentía con una sonrisa de oreja a oreja, podría ser verdad o mentira, pero te ibas a la cama hechizado y fascinado de lo que acababas de escuchar.

Qué lástima que la llama de esas tradiciones se vaya apagando poco a poco con el goteante ritmo de la innovación y la tecnología, cada día más enganchados a los smartphones, pocos niños son ahora testigos de ese embelesamiento. Pero qué bien que tengamos el cine, para que esas historias que deberían ser contadas a los niños por decreto ley, vuelvan a ver la luz.

El quipo de la galardonada Loreak vuelve con Handia, de la mano de Jon Garaño y Aitor Arregi, autores de la adaptación y dirección de la película, que nos darán la oportunidad de escuchar la historia de El Gigante Guipuzcoano, Joaquín, y su hermano Martín, el cual tras ser reclutado por los carlistas para luchar en la guerra, vuelve a casa tres años más tarde, para su asombro, Joaquín es un joven veinteañero que supera los dos metros de altura. La necesidad de la familia hará que los dos jóvenes se embarquen en una aventura en la que el gigante será víctima de sí mismo, de todos aquellos que acudan a sus espectáculos y de su propio hermano, aunque siempre desde el cariño que puedes ofrecerle en el siglo XIX a alguien diferente a los demás, intentando no tratarlo como una aberración.

Garaño y Arregi ofrecen un nuevo modo de relatar la historia, pues a pesar de que Joaquín, el Gigante Guipuzcoano, sea el verdadero protagonista del film, su hermano Martín es el que narra la historia, su voz en off nos guiará por el cuarto de siglo que engloba las aventuras de los dos hermanos, teniendo como base su punto de vista. El viaje por Europa, desde Lisboa hasta Burdeos o Londres, hace partícipe al espectador de la relación de los dos protagonistas, siendo testigos de los grandes contrapuntos, generales y particulares, que hacen de Handia un atractivo y portentoso largometraje.

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Contrapuntos generales como las localizaciones, sus viajes a Madrid o París los conciencian de la gran diferencia que hay entre las sociedades y clases de las capitales, su pueblo, Alzo, y su caserío.

Contrapuntos particulares entre los dos hermanos, tanto físicos, cómo no - uno de ellos es un gigante - como personales. Joaquín sabe que no le gusta mostrarse al público, su anomalía le desagrada, pero Martín, de una forma muy sutil, lo fuerza a hacerlo. Uno es un aventurero dispuesto a todo con tal de conseguir irse a América, el otro hubiese preferido quedarse en el caserío trabajando la tierra y ayudando a su padre.

Parece obvio que una historia de hace casi dos siglos, basada en un hecho real, no pueda ir más allá y, en cuanto a narrativa, es cierto, pero de nuevo, nos deja impresionados, esta vez en cuanto a fotografía se refiere. Un espléndido Javier Agirre, que ya dejó su huella en Loreak, consigue darle forma a esta preciosidad a través de planos llenos de poesía, una iluminación intachable y unos colores que conquistarán con su atractivo visual, logrando que nadie pueda apartar la vista de la pantalla a los tres segundos de comenzar la película. En ocasiones parecerá que estemos viendo y viviendo en una pintura del romanticismo español del siglo XIX, otras recordaremos el estilo un tanto gótico y oscuro del mejor Tim Burton dirigiendo Eduardo Manostijeras, pero siempre con su propio estilo, su marca de autor.

Handia es esa leyenda que nos podrían haber contado nuestros mayores, es, seguramente, ese cuento que los aiton cuentan a sus nietos en Euskadi, los cuales se quedarán atónitos, con los ojos como platos, al descubrir que Migel Joakin Eleizegi fue una persona real que llegó a alcanzar los 2,42 metros de altura y que, me aventuro a pronosticar, será la causa de que el equipo de la película consiga más de una nominación a los premios Goya, y siendo una muy digna rival en la categoría de Mejor Dirección de Fotografía.

La puedes ver en...

Valencia

Madrid

Barcelona

Maia Roig

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