LA CORDILLERA de Santiago Mitre

La Cordillera

La Cordillera, de Santiago Mitre, no es una película apta para aquellos a quienes no gusten los finales abiertos. Cuando más intrigado estás, saltan los títulos de crédito. Para muchos, esto es una virtud, para otros un defecto. Para gustos los colores.

Lo que sí es innegable es que La Cordillera es una historia de personajes, con grandes interpretaciones encabezadas por un Ricardo Darín sobresaliente y con un carisma y una madurez que van in crescendo. Una interpretación llena de matices para retratar al “hombre común”, que, un día, se convierte en presidente de la República Argentina.

A tan solo 6 meses de haber alcanzado el poder, Hernán Blanco (Ricardo Darín) asiste a una cumbre de presidentes latinoamericanos en Chile. En ella se debatirán los últimos matices de una alianza petrolera en la que Brasil tiene todas las de ganar y donde, como es habitual, los EEUU representan al lobo feroz al cual deben hacer frente. Blanco -el presidente de a pie, el hombre llano, el auténtico- es el hombre al que todos tientan y en su mano está la decisión para inclinar la balanza hacia uno u otro lado. La Cordillera de Los Andes es el telón de fondo de la impactante fotografía del acuerdo, con todos los mandatarios al frente.

La Cordillera

El thriller político se transforma en uno psicológico cuando entra en escena Marina, la hija de Hernán Blanco, interpretada espléndidamente por Dolores Fonzi. Su irrupción en la trama  y la complicada situación emocional de su personaje desatan un drama familiar que llena de confusión y dudas la opinión del espectador sobre el presidente.

El gris inunda la pantalla, puesto que Blanco parece esconder un pasado oscuro. Él mismo lo confiesa ante una de las incisivas preguntas de la mordiente periodista Claudia Klein (una magistral Elena Anaya): El Mal existe y no se llega a presidente si uno no lo ha visto, al menos, un par de veces. Una frase que refleja a la perfección la metáfora con la que juega el director.

Sin embargo todo queda en preguntas sin respuesta. Mitre juega con nosotros, atropellando nuestro cerebro con preguntas y dudas acerca del hombre que se presenta ante nosotros. Sobre lo que es y sobre lo que muestra, un hombre común, ¿o no tanto? Nos invita a desenmascarar al político para hallar al hombre… pero sólo nos invita. Al final, nuestro es el juicio, nuestras son las conclusiones. Y como en la vida misma, nuestras conclusiones, nuestro juicio, no se sostiene sobre hechos probables. Juzgamos, o más bien, prejuzgamos con la información sesgada.

La Cordillera

Abierto a múltiples interpretaciones, el film termina inconcluso. Desde mi punto de vista, no acaba de profundizar sobre ninguno de los dos temas que plantea y, posiblemente, no sea casualidad. La intencionalidad del director por hacernos pensar es loable y la crítica le premia por ello.

Personalmente, hubiera agradecido algo más de luz al final del túnel, sin embargo, la arriesgada propuesta del director al dejar un final tan abierto parece que no le está afectando en taquilla. Parece que estamos empezando a encajar las preguntas sin respuesta, ¿estaremos madurando como público?

La puedes ver en...

Barcelona

Raquel Soto Llácer

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