DEMONIOS TUS OJOS de Pedro Aguilera (2017)

Demonios tus ojos

“Ten cuidado con lo que ves: puede cambiar tu forma de mirar el mundo.”

RESEÑA DE LA PELÍCULA

Tras el estreno de su última obra hace siete años y habiendo tenido gran acogida entre el público del Festival de Málaga, Pedro Aguilera trae a nuestras pantallas Demonios tus ojos, una reflexión sobre la pérdida de la inocencia, sobre nuestra percepción del entorno y, en especial, de lo que vemos y cómo lo interpretamos. Una película poco convencional que, de un momento a otro, se mete al espectador en el bolsillo y le hace cómplice de esa descabellada trama que explora los deseos más oscuros del ser humano.

Con un título curioso, cuanto menos (que además tiene ‘truco’), este largometraje es el resultado de un trabajo metódico y perfectamente estructurado del que destacan sus diálogos brillantes, llenos de naturalidad, y sus planos que, en su sencillez, son realmente bellos.

 

Demonios tus ojos

Sin ser cine dentro del cine, hay constantes referencias al séptimo arte y, por supuesto, es la base de todo lo que ocurre. En palabras de Pedro, “Oliver (el protagonista) es un director de cine que manipula imágenes, pero en este caso las imágenes le manipulan a él”. Es algo similar a Canino (2009), y el planteamiento es un poco parecido, si bien la película de Aguilera tiene una estética mucho más cuidada, con unos planos más interesantes, en tonos pastel, llenos de colores claros y mucho brillo. Entre otras referencias, mencionar Arrebato (1979) o, en el plano puramente literario, la archiconocida Lolita de Nabokov. En Arrebato, por ejemplo, encontramos el símil en la elección de un director de cine como personaje principal, algo que condiciona su visión de las cosas. En Lolita, por otra parte, se habla de un acto vetado por la sociedad y que, sin embargo, acabas por ‘entender’ o justificar en cierto modo, pues el planteamiento de la trama está a favor del protagonista.

Te hace pensar, pararte a reflexionar, a dudar y a cuestionarte muchas cosas que dabas por sentadas. Sin duda es una película con distintos niveles, con varias capas y con muchas lecturas; con una vez no es suficiente para analizar todo lo que cuenta, y en ti sólo queda el ansia de saber más, un gusto que el director no está dispuesto a darte.

ENTREVISTA CON PEDRO AGUILERA

Hablando sobre cine, me pregunta cuál es mi película favorita. Le respondo que Volver, y él me dice “Me gusta mucho Almodóvar. Hay algo de Almodóvar en mi película, de hecho. Un poquito. He cogido alguna cosa”. “A mí me ha recordado a Canino” le comento. “¿Ah sí? Qué curioso. Me gusta mucho Canino, pero yo… no soy nada frío. Lanthimos es un tío un poco mental, yo soy más bien de mezcla, de pulsiones de energía más liberadora. Me gusta más explotar. Me gusta mucho esa película, y me gusta que lo asocies, pero no soy tan frío, los encuadres son diferentes”. “Claro, yo te quería preguntar si el parecido es pura casualidad o si hay algo de influencia”, a lo que me responde: “Bueno, Canino quizás es un dispositivo conceptual, ¿no? Plantea la posibilidad de qué pasaría en un mundo donde ocurrieran otras reglas. Mi película ocurre en el mundo real. De hecho, el punto de partida de mi proyecto nunca fue el incesto. Ni si quiera eran hermanos al principio, y Oliver no era director de cine. El punto de partida del proyecto es la frase “demonios tus ojos” y lo que eso puede significar, que es “ten cuidado con lo que ves”. Hoy en día vemos demasiadas cosas; el audiovisual nos satura y hay una gran confusión desde que apareciera la fotografía hasta hoy de que se cree que el audiovisual o las imágenes representan el mundo en el que vivimos, y es un error garrafal. Estamos todos metidos en el gran error: el error de que lo que estamos viendo constantemente es la realidad. Y cada vez está más distanciado de la realidad, de hecho. Yo creo que un retrato de un pintor abstracto es más ‘tú’ que una foto tuya, porque pensamos que somos así. Te metes en Instagram, en Facebook… y ves una imagen de la guerra y piensas “esto es la guerra”, y no. Tienes que vivir las cosas para sentirlas de verdad. Entonces este tío, que es director de cine, cae en la misma trampa en la que estamos todos: que ver que, al ver un video erótico de su hermana follando, se cree que es una chica que está permanentemente así. Entonces él se pasa la película entera intentando comprobar si eso es así”.

Pedro Aguilera

 “Entonces todo surgió de esa idea de ver demasiado. Estamos viendo demasiadas cosas. “Ten cuidado con lo que ves, que puede cambiar tu forma de mirar el mundo”. De alguien que ve algo que no debería haber visto. Y claro, eso se fue completando cada vez más: ¿Y si el tío es un director de cine? Entonces eso se multiplica, porque es un tío, un profesional del audiovisual, que se supone que está acostumbrado a manipular eso, cae en la misma trampa que todos hemos caído. Ve un video erótico y se erotiza. Cuidado: Todos estamos hoy en día erotizados. Eso además se multiplicó más cuando el objeto que ve es su propia hermana. Y de ahí caemos en el error de pensar que es una película sobre el incesto. No. El incesto no es más que una consecuencia de una serie de elementos que se ponen en juego. Podrían perfectamente no haber follado. Su objetivo ni si quiera es follársela; su objetivo es dominarla y manipularla, a ver qué pasa. Un director de cine no es más que poner elementos en juego a ver qué pasa. En mis películas siempre pasa eso, como en la primera: ¿Y si yo fuera un niño de cinco años y veo que mi madre se quiere morir? O en mi segunda película: ¿Y si yo fuera un negro? Yo soy todas esas películas, y también soy ésta, ¿Qué pasaría si veo un video de mi hermana y me la quiero tirar? Ahí pones en juego distintos niveles. Él es un director de cine que manipula imágenes, pero en este caso las imágenes le manipulan a él, y es lo que nos está pasando hoy en día. Nosotros no vamos a las imágenes, no buscamos el mundo audiovisual: el mundo audiovisual nos busca a nosotros y nos atrapa”.

Acerca de los personajes, dice que “son pijos, pero los dilemas morales ocurren a cualquier persona, de cualquier clase social. Y este dilema que ellos tienen es “cómo manejas el deseo”, básicamente. Cómo manejas tu propio deseo. Yo deseo lo que veo. El audiovisual me está atacando. No paro de desear cosas porque estoy viendo cosas constantemente. ¿Qué pasa si, de repente, deseo a mi hermana? Pues ese dilema moral es el que plantea la película. Y yo intento resolverlo. Me gusta mucho resolver y sacar conclusiones”. “Planteo dilemas morales, desde siempre. En la vida normal no me atrevería a hacer estas cosas; en el cine sí. Es una catarsis, como en las comedias griegas. Es la forma que tenemos los humanos de crear una ficción para expresar algo”, añade.

Sobre la figura de la mujer y de la protagonista, comenta que “Aparentemente, ella puede parecer ser el objeto de deseo y ser la manipulada, tal vez porque nuestra visión de las cosas es machista. Pero en realidad ella no es la víctima: él propone un juego y ella accede a ese juego y, es más, sube el nivel. Y al final es la que toma una actitud activa. Acaba entrando en ese juego y acaba perdiendo, al igual que él, la inocencia audiovisual, no sólo la moral”. 

ENTREVISTA CON JULIO PERILLÁN

“Aun siendo tu amigo, te tengo que decir que entiendo por qué lo ha rechazado todo el mundo y lo difícil que es defender a este tío”, nos cuenta Julio, de cuando Pedro le envió el guion. “Y cuando lo recibí, [su personaje] era mucho más duro de lo que es aquí. El tío era mucho más invasor, al final de la película se lo pasa todo por el arco del triunfo (sic) y se va, y no le afecta nada de lo que está ocurriendo”. Fue entonces cuando le dijo al director “yo lo hago, con la condición de que a este personaje le afecte lo que está haciendo ¿sabes?”. Además, añade que “la peli original duraba dos horas y media, o algo así; escribimos una parte del guion donde, al final, el personaje se autodestruye. Incluso se saca un ojo cuando se da cuenta de lo que ha hecho”.

En cuanto a los desnudos y ciertas escenas, comenta que el director “aceptó esta propuesta: que no podían salir tan explícitamente las escenas. Él dijo que vale. Ivana dijo lo mismo” y, según Julio, Pedro le dijo a Ivana: “Eres una gran actriz. Te quiero a ti, no a tus tetas. Me interesas tú como persona”. “Ahí está el erotismo, porque Oliver se pierde: la ve en bikini y dice “hostia”, y quiere ver la diferencia entre la imagen y la realidad. Intenta plasmarlo, no lo consigue… Yo defiendo al personaje de esta manera”, se sincera.

Acerca de las actrices, de feminismo y de injusticias, nos confiesa que él es feminista de toda la vida: “Después de hacer esta película veo que no apoyo el feminismo de la forma que podría apoyarlo, y ahora he tomado una forma más activa: en mi contrato pone que la actriz que voy a tener delante va a cobrar lo mismo. Si yo cobro más que ella, se suman los sueldos y se divide por dos, así ella cobra más y yo un poco menos. Si yo lo puedo hacer dentro del cine, un político también. Son cosas prácticas que nunca he pensado, pero que sí se pueden hacer; si lo piensas fríamente debería ser fácil, pero luego, si lo dices, se te echan encima: “Nunca vas a trabajar en esta industria”, “hay productores que nunca van a trabajar contigo” … Pero habrá que normalizarlo. Está el que viola, que es un gilipollas, obviamente, pero también está el que abusa de su poder. Yo estoy abusando de mi poder siendo hombre, respirando el puto aire y aceptando que yo cobre más que la chica que tengo enfrente. Si creas una paridad real, la paridad de poder político, cultural -que haya más mujeres en la política, en la cultura- va a ir in crescendo, en positivo”.

Julio Perillán

“¿Qué es lo que te lanzó? ¿Leíste el guion y estabas convencido al cien por cien?” le pregunto. “No, lo vi y dije “arriesgado, te metes y te linchan”. Es un berenjenal. Yo soy un tío que no es comercial; si lo fuese, me podría permitir el lujo de decir “voy a hacer un papel en el que me puedan linchar”. Si soy Bardem, me meto y ya está; hago esto y luego Piratas del Caribe y me siento bien. Pero yo, Perillán, que no me llaman, que me llama de vez en cuando un tío raro de allí (sic) que me dice “me gusta tu trabajo, quiero que hagas esto” … Total, que veo el guion y mi primera reacción fue “te metes y tu carrera se ha terminado”. Ya que no tienes mucha carrera, estás ahí titubeando entre si sobrevives o no como artista. Pero soy un tío arriesgado, me va la marcha, vamos a explotar otros límites, y dices, “me meto, es que me tengo que meter. De cabeza. Pero con la condición de que cambiemos un poco el personaje””.

Sobre el Festival de Málaga, “la respuesta del festival nos ha sorprendido mucho. Pedro ha ganado juventud. Es una peli que no piensas que vaya a gustar a la gente joven, o a quienes están estudiando cine, y me cago en la puta, me han dado un premio y todo. Qué alegría”, nos cuenta con una sonrisa.

Volviendo a la película en sí, dice que “como actor me gustaría haberme enamorado de mi hermana. Más romántico todo. Yo soy un sensible, me gustan ese tipo de cosas. Hay una toma magistral, en la que estamos los dos en un lago, yo con un parche en el ojo, sólo charlando. Y ya no está, la han quitado. Eso es purismo, Pedro está en su derecho. Le estoy intentando convencer para que escriba la siguiente, que sería diez años después: se encuentran los dos, ella tiene un hijo, le pide ayuda…”.

ENTREVISTA CON ELISABET GELABERT

Elisabet Gelabert

¿Qué te hizo lanzarte al proyecto? Conocer a Pedro; él contactó conmigo, vi sus películas -que no las conocía- y me lancé.

¿Cómo definirías tu personaje? Como una madre que está pasando por un momento de crisis, porque su hija se empieza a distanciar, a vivir, a mostrar caras que no había visto, y que le provocan miedo.

Yo creo que eres el punto de cordura dentro de toda esa locura, ¿Es difícil mantener esa normalidad cuando rodaje se centra en algo tan controversial? No, porque el tono de mi personaje era muy tajante. Yo a veces pensé que era excesivo. Luego, al verlo, me di cuenta de que no; es lo bueno de estar en las manos de un buen director y un buen guionista: él tiene la visión global de todo lo que va a pasar. A mí me parecía demasiado dura en ocasiones, demasiado excesiva, ¿No? Pero luego lo he entendido; como tú dices, es un poco el ancla de la cordura.

¿Ha hecho que te replantees algo? ¿Que llegues a alguna reflexión o algo parecido? Como cambiar tu visión sobre el incesto, por ejemplo, algo penado por nuestra sociedad. Ese tema no me levanta demasiadas ampollas, en principio. Además, es un incesto más o menos ‘aceptable’ (ríe). Pero creo que hay otras capas en la película que para mí son más perturbadoras: el hecho de verlo todo, de tener tanto acceso, a tantas cosas que pensamos que entran y salen, pero que hay veces que no es tan fácil que salga, que hay algo que se queda. Eso me perturba más. Y la visión de esa pérdida de la inocencia tan dolorosa. Me parece muy duro.

Hay actores que han acabado muy tocados tras un rodaje, como Jim Carrey con El show de Truman ¿A ti te ha producido algún tipo de ‘aversión’? Bueno… sí, perdón. Hay una escena violenta con mi ‘hija’ y eso sí fue duro. También como actriz, como compañera, porque no quieres hacer daño, pero quieres hacerlo bien: que sea realista y, al mismo tiempo, que no pase de verdad (ríe). Y bueno, sí, las relaciones familiares son las más ricas y complejas del mundo, y para un actor es oro meterse en ese mundo de padres, hijos, hermanas, madres… No sé, se mueven muchas cosas, personalmente.

Antonio Relaño Fuentes

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