LAS CHICAS DEL CABLE -Netflix- (2017)

Las chicas del cable

No soy un gran fan de las series, no soy muy constante con ellas y por eso suelo dejarlas a medias, si es que acaso las empiezo. Pero la primera producción española de Netflix merecía mi atención, aunque sólo fuese por el ‘orgullo patrio’ o por el gran empeño con el que la han promocionado. A su favor puedo decir que, aparentemente, ha encontrado cierto equilibrio entre las superproducciones de las que Netflix hace alarde y algo un poco más nuestro. Aún con todo, mi crítica no es la primera, y parece que todos los que hemos visto la serie estamos de acuerdo en algo: no supone nada novedoso. Está hecha para el gusto de la mayoría a fin de que sea rentable y de que siga proporcionando beneficios al gigante del streaming. De hecho, la fórmula utilizada parece la ya tradicional “marca España” con la que firmamos nuestras series: Velvet, Lo que escondían sus ojos, Gran Hotel, Amar en tiempos revueltos, Acacias 38, El tiempo entre costuras… ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Parece que, desde Cuéntame, nos hemos encasillado en hacer series de época y que buscamos el éxito al retrotraemos a cualquier periodo anterior a los 80. Los documentalistas de este país deben estar montados en el dólar.

La elección del tema sí que ha sido un acierto. Al fin y al cabo, no hay muchas producciones que traten la figura de las telefonistas, lo que también es una gran oportunidad para darle protagonismo a las mujeres. Una idea novedosa y bien planteada que, sin embargo, no se centra tanto como me habría gustado en el tema de las comunicaciones, algo que tampoco puedo reprocharles, pues eso es únicamente la base para el resto de las historias que se plantean y que son el verdadero eje de la trama. Cuatro mujeres, cuatro dramas totalmente diferentes. Todas las historias secundarias -que muestran el día a día de las muchachas- son igual de interesantes y de diversas, algo que, por otra parte, puede interpretarse como un ‘ansia’ de querer abarcar todos los temas posibles, de mostrar las distintas situaciones a las que las mujeres tenían que hacer frente.

Cable Girls

La intensidad de la historia no decrece con el paso de los capítulos (los fans de The Walking Dead me entenderán a la perfección), los personajes van evolucionando y las historias siguen fluyendo, entrelazándose y complicándose, pero estas tramas secundarias parecen ir consumiendo a la principal a medida que avanzan y, al final, da la sensación de que se agolpan los hechos que se quieren contar, como si tuviesen que acelerarlo todo, como si hubiesen presentado más cosas de las que deberían.

Para los que esperábamos que el feminismo prevaleciese por encima de todo, ha sido algo decepcionante que incluso los propios actores hayan desmentido que sea una “serie feminista”, y que simplemente “la cámara esté colocada para que veamos desde los ojos de las mujeres” . De hecho, en cierto punto de la serie, la trama comienza a girar alrededor de los hombres, y las chicas sólo hablan sobre ellos. En resumen, poco a poco deja de superar el test de Bechdel y empiezan a utilizar tópicos que, si bien son propios de la época, podrían haberse depurado del guion. Pero la idea general -la de protagonismo, liberación, emancipación- es la que prevalece.

Las chicas del cable

La banda sonora es, cuanto menos, sorprendente. Una verdadera declaración de intenciones que no sé si me encanta o que odio, pero hacia la que tengo sentimientos encontrados. Al fin y al cabo, todos esperarían que tanto en las fiestas como desde la radio de algún bar sonase el hit del momento, lo que hace aún más chocante ver como un montón de gente baila charlestón con lo último de Sweet California (sí, en serio). Pero a medida que avanza la serie se vuelve más convencional y pasa a ser música de fondo, sin mayor protagonismo. No más shocks. Algo parecido ocurre con las localizaciones: conforme va pasando el tiempo, los escenarios (muy bien ambientados, todo hay que decirlo) empiezan a repetirse en exceso, como si no pudiesen haber recreado más que un bar y un par de calles, además del edificio donde discurre la totalidad de la trama y de los hogares de los protagonistas.

Lo mejor de todo, sin duda, es el reparto, que no podría haber sido más acertado. De tener que elegir a mi favorita, me quedo con Ana Polvorosa y su perfecta interpretación, que roza lo magistral y que muestra un registro poco visto en ella, en un papel que le sienta de maravilla. Es imposible no adorarla desde el primer minuto, y su química con la enorme Ana Fernández da hasta escalofríos. Yon González deslumbra de nuevo en su línea de personaje sobrio, Martiño Rivas es carisma en estado puro, y Borja Luna y Nico Romero han sido una verdadera sorpresa. Las brillantes interpretaciones de Blanca Suárez, Nadia de Santiago y en especial de Maggie Civantos hacen que la serie, con sus más y sus menos, realmente valga la pena.

Antonio Relaño Fuentes

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