LEGION (Fox)

LEGION

'Legión', la rara avis televisiva que llegó al panorama quemando rueda y sorprendiendo a sabedores y extraños ante el abrazo de un tono que nada tiene que ver con su homólogo del cómic, se presenta prácticamente inaugurando en el formato serial un género psicodélico propio bastante alejado de lo que ofrecen las adaptaciones de Marvel o de sus particulares X-Men de FOX en la gran pantalla.

'Legión' sigue la historia de David Haller, que diagnosticado con esquizofrenia a edad temprana  ha sido desde entonces paciente de varios hospitales psiquiátricos, llevando una vida irregular y solitaria. Todo cambiará cuando un día conozca a otra paciente y afronte la posibilidad de que puede tener algo diferente a un desequilibrio mental.

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¿Qué ocurriría si un David Lynch algo más asentado, conformista y clemente con su público dirigiese toda una serie basada en un medianamente famoso superhéroe de X-Men? Probablemente esto, que de producto X-men tendría bien poco y se convertiría en algo totalmente diferente, un referente visual y artístico, con una imaginería propia localizada con total precisión en la cúspide del buen gusto. 

Pero como Lynch es un poco especialito, quien en esta ocasión ha tomado las riendas ha sido el brillante showrunner  Noah Hawley -conocido por la sobresaliente serie 'Fargo'- que amparado por una FOX decadente y obsesa por hacerse un hueco en el panorama de lo superheroico ha dado a luz a un producto dificultosamente clasificable. Ciencia ficción, terror, acción, fantasía, thriller psicológico; todo confluye, se desbanca y se alterna en cada capítulo, en una progresión caótica en la que las barreras se deconstruyen para crear puro arte cinematográfico, plagado de desmesuradas referencias en forma de poemas de amor al séptimo arte.

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La personalidad que adquiere este caos concentrado, da lugar a una serie extraña, difícil y al mismo tiempo inevitablemente recomendable, cuyos puntos fuertes son su retorcido sentido del humor, una estética -setentera- y fotografía brillantes, en un trabajo de dirección ejemplar en el que cada plano y escena busca convertirse en icónico. En este aspecto tan inverosímil y utópico debo puntuar la presencia de un CGI la mar de cutre, fruto seguramente del bajo presupuesto de la serie y equiparable al horrible Humo Negro de 'Perdidos', pero que a diferencia de este, transita desde el punto de ser chocante a convertirse en una peculiaridad entrañable. 

Sus cualidades más endebles son una trama y personajes no muy bien desarrollados y que en más de una ocasión hacen aguas, poniendo de relieve la falta de sinergia en las relaciones que se producen entre ellos. Por suerte, podemos obviar este aspecto en pos de la profunda química que hay entre la totalidad de su reparto. La entrega que aportan a unas situaciones que técnicamente, para el espectador serán brillantes, pero que para ellos han de suponer un auténtico suplicio interpretativo y en ocasiones un ridículo extremo.

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En el reparto brillan una comodísima Rachel Keller como el interés amoroso del protagonista, dotando a su actuación de matices excéntricos y vulnerables, haciendo a su personaje más grande de lo que realmente es; y una enorme Aubrey Plaza como el personaje de Lenny, que pasa por todos los estados posibles en su actuación: sensual, cómica, maquiavélica, terrorífica... y un largo etcétera de tonalidades imposibles. Por otro lado, Dan Stevens como David Heller empieza con buen pie, pero enseguida denota demasiada repetición en sus tics y expresividades, tornándose cada vez menos inspirado. A pesar de esto cumple con el peso que conlleva el protagonismo de un personaje considerablemente complejo. En cuanto al resto de secundarios, todos se muestran equilibrados en sus bases, encontrándose los más veteranos extrañamente consolidados a mantener la seriedad pese a un libreto de todo menos coherente.

Los actores, juntos a sus personajes, se ven lastrados por un guion enfocado en lo abstracto y estético, en la plasticidad que adorna un cambio de órbita audaz, más intenso e intelectual de lo habitual. Una apuesta hipnótica, onírica, tan etérea y anómala que hace difícil resaltar sus defectos y no caer rendido ante ella. La única posibilidad es dejarse arrastrar por el espiral de locura que, tanto el protagonista David Haller, como el propio espectador, vivirán en sus propias carnes. Jugando con aspectos técnicos como el color, el montaje o la banda sonora para hacerla partícipe inmediata de la acción argumental, incidiendo directamente en la percepción de los personajes y convirtiendo la dirección en un elemento más de la trama.

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Este universo cargado de introspección y surrealismo da lugar a una historia un tanto inconexa y anárquica, donde el seguimiento de la trama se vuelvo un tanto confuso. Mientras que unos espectadores pueden verlo como un lastre, otros -entre los que me incluyo- lo vemos como la perfecta excusa para dar pie a la originalidad y a las pinceladas que encauzan el ritmo de la serie desde un punto de vista muy personal para sus realizadores.

En definitiva, si buscan algo más complejo de lo habitual, más visual y estilizado, carente de baños de puñetazos y volteretas, con una atmósfera compleja y un juego parapsicoemocional absorbente, 'Legión' es su serie.

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