ÚLTIMOS DÍAS EN LA HABANA de Fernando Pérez (2016)

Últimos días en la Habana

VIVIR PESE A LA ADVERSIDAD

Dirigida por Fernando Pérez “Últimos días en La Habana” narra la historia de Miguel y Diego, dos amigos que desde la secundaria han permanecido uno al lado del otro. Diego enfermo de SIDA yace postrado en una cama recibiendo los cuidados de Miguel que está esperando un visado que le permita cumplir su sueño de salir de Cuba rumbo a una vida mejor en los Estados Unidos. Mientras Diego es un torrente de palabras que sueña con vivir mostrando una actitud positiva pese a sus circunstancias, Miguel vive en el más absoluto silencio encerrado en sí mismo y sumido en su obsesión de emigrar dejando pasar los días a modo de bucle agónico en el que repite mecánica y minuciosamente su rutina.

Gracias al gran carácter documental de la cinta la ciudad de La Habana se convierte en protagonista debido a su importancia vital en el propio desarrollo de la historia y es que esa radiografía de la sociedad, ese reflejo de la realidad y de la gente anónima que sobrevive a la adversidad ayudándose los unos a los otros en los llamados solares (corralas) inunda la película.

Ese estilo de vida (o de supervivencia) tan característico de la capital cubana era algo que, tal y como nos contaba a los medios Fernando Pérez tenía muy claro que quería reflejar: “esa importancia de la comunidad en la sociedad cubana, ese espíritu de supervivencia en el día a día sin pensar en el pasado ni en el futuro por el cual se terminan relativizando los valores éticos es algo que el espectador debe entender sin juzgarlo”, y es que queda muy claro que sin esa camaradería sería muy difícil sobrevivir a la constante adversidad que reina en la capital cubana.

Últimos días en la Habana

En cuanto a los aspectos técnicos la importancia del silencio es fundamental en la cinta, sobre todo a través del personaje de Miguel que representa el vacío y el aislamiento. Y su ruptura con la palabra representa a su vez su ruptura con la sociedad y su profunda soledad.

En definitiva “Últimos días en La Habana” posee un gran carácter intimista con unos diálogos muy cuidados que ayudan en el transcurso de la historia y donde al final asistimos a una espectacular ruptura con la cuarta pared donde uno de los personajes interpela directamente al espectador haciendo balance de la vida en sí y de las circunstancias personales de cada uno de los miembros de la comunidad.

 

Sandra Gonzálvez

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