THE OA (Netflix): Confía en lo desconocido

The OA

Netflix se ha propuesto que confiemos en lo desconocido con “The OA” (Brit Marling y Zal Batmanglij). Una serie que cuanto más ves, menos conoces. Porque conocer es comprender y, aunque muchos la amen y otros muchos la odien, nadie la entiende.

La primera vez que vemos a Prairie Johnson (Brit Marling), o como ella se hace llamar, OA, lo hacemos a través de una grabación de móvil (en vertical por si fuera poco). En ella vemos como la protagonista se tira al agua desde un puente. Así comienza “The OA”, la serie que no deja indiferente a nadie por la confusión que genera capítulo a capítulo.

“The OA” es una serie que te hace pensar. Personalmente, la serie me atrapó tanto que los últimos 4 capítulos los vi de una sentada, con libreta y bolígrafo en mano, buscando pistas, respuestas a toda aquella amalgama incomprensible de acontecimientos que estaba presenciando. Ahora, mientras escribo este post, repaso mis notas y sigo sin entender nada. Aún así me alegro de que Netflix por fin haya confirmado que habrá una segunda temporada, porque aunque no la entiendo, no puedo dejar de verla.

Cuando uno comienza a ver la serie, cree que va a llegar a alguna conclusión, a un final lógico. Al principio, el argumento no parece tan complejo: una chica regresa a casa después de haber estado desaparecida durante siete años. Cuando desapareció era ciega y ahora ha recuperado la vista. Sin embargo, capítulo a capítulo la trama se vuelve más confusa y lo que al principio sólo era un misterio, al final de la primera temporada se ha vuelto un gran enigma, el mayor de todos: y sin darnos cuenta, ya estamos hablando del sentido de la vida.

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Prairie desea cumplir una misión y, para ello, les cuenta su historia a cinco extraños, que deberán ayudarla. A través de su narración, contada en primera persona, viajamos a través de su infancia, de sus premoniciones, de su cautiverio y de sus ECM (experiencias cercanas a la muerte) en una especie de sueño onírico, cautivador y desconcertante. Conforme avanza esta fábula, sin alcanzar a comprender si se trata de realidad o ficción, asistimos a la auto-aceptación de sus cinco compañeros. Los cinco inadaptados que han accedido a la extraña invitación de Prairie.

Audiovisualmente hablando, “The OA” no tiene desperdicio. Quizá por el hecho de que Prairie estuviese ciega antes de su vuelta a casa, la imagen y el sonido adquieren una dimensión especial. La quietud de muchos de los planos y el ritmo en ocasiones lento de la trama, se complementa con el uso del hiperrealismo sonoro, que enriquece nuestra experiencia auditiva y pasamos a escuchar y a sentir como ella. La atención por los detalles no acaba en el sonido, también el uso de la simetría y los planos detalle está muy presente en “The OA”. Es como si el tacto, el sonido y el gusto quisiesen traspasar la pantalla para hacerte sentir cada momento de su historia tal y como ella lo vive. Es tan real como irreal.

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La música es igualmente relevante, la protagonista tiene una increíble habilidad para tocar el violín, supuestamente adquirida tras su primera experiencia cercana a la muerte. La melodía recurrente de ese violín se convierte en el leitmotiv de su personaje. De ahí, al sonido que emanan los anillos de Saturno y a la extraña danza ritual que se convierte en uno de los pilares sobre los que comienza a girar la trama a mitad de temporada. Esta especie de danza ritual fue una de las cosas que más me llamó la atención, porque creí haberlo visto antes. Me pareció que estaba viendo uno de los videoclips de Sia, y resulta que, en parte, lo estaba haciendo. Los movimientos fueron ideados por Ryan Heffington, coreógrafo de la cantante en Chandelier.  Un videoclip autobiográfico y lleno de simbolismo que trata sobre los miedos de la cantante y su adicción al alcohol y las drogas precisamente para desterrar ese miedo. ¿Estaremos ante una de las pistas de las que tanto se está hablando de cara a la segunda temporada?

Sea así o no, confiaremos en lo desconocido una vez más, al menos hasta la próxima temporada esperando las tan ansiadas respuestas.

Raquel Soto Llácer

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