HASTA EL ÚLTIMO HOMBRE de Mel Gibson (2016)

hasta el último hombre

No voy a esconder que Mel Gibson no es de mis actores ni directores predilectos pero he de reconocer que “Hasta el último hombre” me suscitaba gran interés debido al tema que trata y, sobre todo, por ver cómo lo plantearía el director en la gran pantalla. Pues bien, Gibson sorprende durante la primera hora del film desmarcándose de sus anteriores trabajos en la forma de abordar los hechos y en el contenido pero vuelve por sus fueros hacia la segunda parte de la película y reconocemos perfectamente al Mel Gibson cruento y sanguinario de “Apocalypto” envuelto, eso sí, de un halo de misticismo insoportable y poco creíble pero al que hay que reconocerle esa virtud de saber qué quiere contar y plasmarlo perfectamente en la pantalla.

La historia narrada es la de Desmond Doss, primer objetor de conciencia de la historia estadounidense en recibir una medalla de honor por su labor como médico militar en la Batalla de Okinawa (II Guerra Mundial).

Como dije antes, la primera parte de la película se centra en la vida de Desmond y en los conflictos familiares que vive que le llevarán a tomar la decisión de no portar un arma ni ejercer la violencia. Hechos traumáticos que junto a su fervor religioso convierten a Desmond en un hombre incapaz de recurrir a la violencia aunque no duda en alistarse para defender a su país frente a las amenazas extranjeras que atacan la libertad y moral estadounidense que tanto ama.

Hasta el último hombre

Comenzada la instrucción militar del joven es cuando asistimos al “giro cómico” que introduce Gibson en su nueva obra, no sé si con la intención de intentar emular o haciendo un guiño al gran Stanley Kubrick y su “Chaqueta Metálica” en esa escena mítica en la que el sargento al mando de los nuevos reclutas los insulta y ofende verbalmente con grandes toques de ingenio y sarcasmo. Eso sí, aquí nuestro objetor de conciencia no correrá la misma suerte que “el recluta patoso” de Kubrick.

Siguiendo quizás una analogía con la mítica cinta de los 80, Gibson también decide que sea en la segunda parte del film cuando se recrudezcan los hechos y aparezcan las escenas cruentas y sanguinarias de los combates cuerpo a cuerpo entre americanos (napal en mano a lo “Apocalypse Now”) y japoneses que son retratados como alimañas salvajes, escurridizos y sin apenas atisbo de humanidad en ellos (lo cual recuerda a los salvajes mayas que planteaba el director en “Apocalypto”). Cabe destacar en este punto el realismo, la fuerza y el horror de la guerra que plasma a la perfección en las escenas de la batalla porque si algo es indiscutible en él es que es un gran narrador de historias ya que lo hace de una forma sencilla y casi innata.

Para mí Mel Gibson avanza como director en la primera parte del film, mostrando una nueva faceta diferente a lo que nos tenía acostumbrados que a mí, personalmente, me agrada pero que cae en el error de tornarse repetitivo en la segunda parte cuando asistimos al Gibson que ya conocemos de sobra y que nos ofrece mucha violencia recrudecida, eso sí, sin que falte la devoción, la mística y el amor a ese Dios todopoderoso que protege y perdona aunque estés asesinando a la misma vez que rezas.

Supongo que al fin y al cabo este es el sello propio del director que puede agradar y desagradar al público a partes iguales y que, en definitiva, constituye su peculiar visión de la vida, de la religión y de su país.

Sandra Gonzálvez

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